El rey del gif-art es gallego

Carlos Crespo

FUGAS

A.L.Crego

El coruñés A.L. Crego lleva unos años explorando las posibilidades artísticas del formato gif: su vertiente comercial, su conexión con el arte urbano y, ahora, el criptoarte. Y no, no hace memes

12 feb 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

El 15 de julio de 1987 se publicó el primer gif de la historia. Un día antes había nacido en A Coruña A.L. Crego. «Estaba predeterminado. Nuestros destinos iban unidos», bromea. El gallego es probablemente el máximo exponente en España de la creación artística en este formato, al que leva dedicándose de modo profesional desde el 2014. Abriendo caminos y explorando las posibilidades artísticas del gif. Hasta el punto de que, como cita en uno de sus aforismos, «llegó tan lejos que no había nadie».

Su primer problema fue explicar que era eso del gif-art. «Cuando comentas que haces gifs te dicen 'ah!, gatitos'. Por eso digo que el gif nació prostituido. Como nació para memes y para publicidad, no tiene el aura artística que tienen la pintura, la escultura o el 3D». Y quizá también por eso, resultaba más complicado rentabilizarlo económicamente. «Se paga por una foto, se paga por una ilustración y se paga por un vídeo. Pero no por algo que contiene las tres cosas. ¿Y por que? Pues precisamente porque el gif estaba prostituido».

Pero no tardó A.L. Crego en demostrar que también era posible monetizar la creatividad artística en este formato. Sus primeros trabajos «grandes» fueron para campañas publicitarias de Nissan, Vice, Perrier o Roland Garros. «De ahí me contrataron para ir a Miami para diseñar loops para Dj Snake», un artista con 20 millones de suscriptores en Youtube. «Estuve dos meses y lo dejé porque yo allí no estaba haciendo arte, hacía lo que llaman producto». Así que decidió volverse a Ordes para trabajar en su proyecto de animar arte urbano. Y eso fue lo que se hizo viral. «A partir de ahí y paradójicamente, a pesar de que mi trabajo es digital, donde más he estado trabajando es en la escena del arte callejero».

Su serie de animaciones de murales y grandes grafitis se hizo viral y acumuló enseguida miles y miles de visualizaciones, lo que le permitió ganarse la vida con colaboraciones con artistas urbanos que lo invitaban a residencias y festivales.

Y en esas estaba cuando descubrió el criptoarte. Un mundo dentro de otro mundo. «El problema de los gifs es que no había nada que defendiese tu propiedad intelectual. A mí me han robado muchos para utilizarlos sin permiso». Hasta que llegó el blockchain, un registro que permite certificar una obra con un contrato digital permanente. Eso le permite venderlos o subastarlos en determinadas plataformas digitales igual que si fuese un cuadro o cualquier otra creación artística. «Por fin mi trabajo digital encontró el ecosistema que necesitaba».

Apunta A.L. Crego que cuando descubrió el criptoarte se sintió «como un niño en un parque de atracciones en el que no hay nadie más». A día de hoy solo tres o cuatro artistas españoles están presentes en ese mercado virtual. Un mercado que en el 2020 movió la misma cantidad de dinero que el del arte tradicional.

En su site en Makersplace, A.L. Creo se define como artesano digital. «Muchas veces me tienen reprochado que mi trabajo es automático», comenta. «Cuando realmente creo que hay más de automatización en la creación de muchos artistas convencionales que en la mía. Ellos tienen el estilo tan pulido que ya les salen las obras sin pensar. Yo me tengo que buscar la vida y darle muchas vueltas a cada creación. Por eso digo que aunque uso ordenadores, yo trabajo a mano. No conecto mi cerebro con cables al ordenador. Son mis manos las que teclean y las que mueven el lápiz y el ratón. Por eso me gusta eso de artesano digital. Porque si me ves trabajar, frame por frame, es como ver a una señora tejiendo hilo por hilo».

Crego defiende que el gif, a pesar de su aparente sencillez, requiere de una técnica compleja y una conceptualización propia. «La gente no piensa en gif», comenta. «Piensa en foto y luego la anima. O piensa en vídeo y luego saca un loop de ahí. Pero crear de verdad un gif-art es algo completamente diferente».