El rey del gif-art es gallego

El coruñés A.L. Crego lleva unos años explorando las posibilidades artísticas del formato gif: su vertiente comercial, su conexión con el arte urbano y, ahora, el criptoarte. Y no, no hace memes

;
El rey del gif-art es gallego El coruñés A.L. Crego lleva unos años explorando las posibilidades artísticas del formato gif: su vertiente comercial, su conexión con el arte urbano y, ahora, el criptoarte. Y no, no hace memes

El 15 de julio de 1987 se publicó el primer gif de la historia. Un día antes había nacido en A Coruña A.L. Crego. «Estaba predeterminado. Nuestros destinos iban unidos», bromea. El gallego es probablemente el máximo exponente en España de la creación artística en este formato, al que leva dedicándose de modo profesional desde el 2014. Abriendo caminos y explorando las posibilidades artísticas del gif. Hasta el punto de que, como cita en uno de sus aforismos, «llegó tan lejos que no había nadie».

Su primer problema fue explicar que era eso del gif-art. «Cuando comentas que haces gifs te dicen 'ah!, gatitos'. Por eso digo que el gif nació prostituido. Como nació para memes y para publicidad, no tiene el aura artística que tienen la pintura, la escultura o el 3D». Y quizá también por eso, resultaba más complicado rentabilizarlo económicamente. «Se paga por una foto, se paga por una ilustración y se paga por un vídeo. Pero no por algo que contiene las tres cosas. ¿Y por que? Pues precisamente porque el gif estaba prostituido».

Pero no tardó A.L. Crego en demostrar que también era posible monetizar la creatividad artística en este formato. Sus primeros trabajos «grandes» fueron para campañas publicitarias de Nissan, Vice, Perrier o Roland Garros. «De ahí me contrataron para ir a Miami para diseñar loops para Dj Snake», un artista con 20 millones de suscriptores en Youtube. «Estuve dos meses y lo dejé porque yo allí no estaba haciendo arte, hacía lo que llaman producto». Así que decidió volverse a Ordes para trabajar en su proyecto de animar arte urbano. Y eso fue lo que se hizo viral. «A partir de ahí y paradójicamente, a pesar de que mi trabajo es digital, donde más he estado trabajando es en la escena del arte callejero».

Su serie de animaciones de murales y grandes grafitis se hizo viral y acumuló enseguida miles y miles de visualizaciones, lo que le permitió ganarse la vida con colaboraciones con artistas urbanos que lo invitaban a residencias y festivales.

Y en esas estaba cuando descubrió el criptoarte. Un mundo dentro de otro mundo. «El problema de los gifs es que no había nada que defendiese tu propiedad intelectual. A mí me han robado muchos para utilizarlos sin permiso». Hasta que llegó el blockchain, un registro que permite certificar una obra con un contrato digital permanente. Eso le permite venderlos o subastarlos en determinadas plataformas digitales igual que si fuese un cuadro o cualquier otra creación artística. «Por fin mi trabajo digital encontró el ecosistema que necesitaba».

Apunta A.L. Crego que cuando descubrió el criptoarte se sintió «como un niño en un parque de atracciones en el que no hay nadie más». A día de hoy solo tres o cuatro artistas españoles están presentes en ese mercado virtual. Un mercado que en el 2020 movió la misma cantidad de dinero que el del arte tradicional.

En su site en Makersplace, A.L. Creo se define como artesano digital. «Muchas veces me tienen reprochado que mi trabajo es automático», comenta. «Cuando realmente creo que hay más de automatización en la creación de muchos artistas convencionales que en la mía. Ellos tienen el estilo tan pulido que ya les salen las obras sin pensar. Yo me tengo que buscar la vida y darle muchas vueltas a cada creación. Por eso digo que aunque uso ordenadores, yo trabajo a mano. No conecto mi cerebro con cables al ordenador. Son mis manos las que teclean y las que mueven el lápiz y el ratón. Por eso me gusta eso de artesano digital. Porque si me ves trabajar, frame por frame, es como ver a una señora tejiendo hilo por hilo».

Crego defiende que el gif, a pesar de su aparente sencillez, requiere de una técnica compleja y una conceptualización propia. «La gente no piensa en gif», comenta. «Piensa en foto y luego la anima. O piensa en vídeo y luego saca un loop de ahí. Pero crear de verdad un gif-art es algo completamente diferente».

La mayoría de los gifs que publica A.L. Crego van acompañados de un texto que los contextualiza, una suerte de brillantes aforismos que en la mayor parte de los casos son previos a la creación del gif. «Son las frases las que me sugieren una imagen que después traslado al ámbito digital», explica.

Y es que por muy abstractas que puedan parecer algunas sus creaciones siempre hay detrás de ellas una idea, un trasfondo conceptual. «Valoro el arte abstracto pero en mi caso el gif siempre tiene que intentar explicar algo. De lo contrario estaría haciendo gifs exclusivamente visuales que sé que es lo que vende. Pero yo tengo cosas que contar».

Sus más recientes creaciones se hacen eco de cuestiones como la colisión entre los mundos físico y digital y exploran las dicotomías de lo tecnológico y lo primitivo, de lo urbano y lo rural.

Aun así, indagamos en si sería capaz de hacer un gif porque sí, sin ningún tipo de concepto, solo por puro placer estético. «Sí, por supuesto», responde. «Muchas ideas me nacen así, probando cosas por puro placer estético. Yo les llamo masajes visuales. Cosas que yo hago para satisfacer mi ojo, sin ningún tipo de idea detrás. Necesito también hacer ese tipo de ejercicio. Es como hacer malabares con el ordenador. Y, curiosamente, cuando subo a Twitter algunos de esos gifs que no dicen nada, suelen ser los que más likes tienen».

El artista coruñés cuenta en su archivo digital con una colección de más de 2.000 gifs. Para él el formato gif no es solo una forma de crear y ver arte, sino una nueva forma de pensar. «Llevamos 14.000 años como especie y el arte que hicimos siempre fue estático. Y no porque quisiéramos. Estoy convencido de que cuando Dalí pintó los relojes derretidos, habría usado gifs de haber tenido esa tecnología. O Da Vinci. En sus manuscritos ya tiene gifs dibujados. Dibujaba secuencias de agua, de nubes, de pájaros volando... Seguro que haría gifs».

Según su manera de entenderlo, para A.L. Crego el gif supone una rotura de paradigma mundial en cuanto a la idea de ver, crear e imaginar otra dimensión audiovisual. «La fotografía es la captura de un instante estático» y el vídeo el tránsito para llegar desde A hasta B. Pero, y ahí está la clave, el gif es un loop infinito. Es como un mantra visual». Y los humanos aprendemos por repetición. «La repetición hace que te concentres en una idea».

Por eso, confiesa, «cuando estoy agobiado, barro o friego los platos. Recurro a actividades que en el fondo son bucles, o sea gifs (se ríe). Porque cuando entras en repetición es cuando las ideas vienen. Porque no estás pensando en otra cosa. Estás en alfa».

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
6 votos
Comentarios

El rey del gif-art es gallego