«Fragmentos de una mujer», la madre huérfana y el sentido de las manzanas

La película, producida por Scorsese, ofrece uno de los planos secuencia más dolorosos del cine


Son fragmentos, pedazos flotantes sobre la ciudad helada de la vida de una mujer, una mujer que se rompe en el parto de su primera hija. Martha se abre al medio al dar a luz, pero sobre todo después, en un posparto convertido en duelo. Precedida por la Copa Volpi a la mejor actriz en el Festival de Venecia 2020, acaba de llegar a Netflix esta descarnada maravilla, el debut en Hollywood del director húngaro Kornél Mundruczó, que afronta con una poética preñada de realismo el impacto de la muerte cuando lo que se espera es la vida, la fragilidad de lo que somos, vulnerabilidad que desnudan las circunstancias extremas. No es la primera vez que se cuenta el duelo perinatal, pero sí de esta manera. Hay quien habla de pornografía emocional. Quizá hace falta esta radicalidad en la la mirada. Fragmentos de una mujer confirma en cualquier caso el don y el magnetismo de Vanessa Kirby (a la que quizá les cueste identificar como la princesa Margarita de The Crown) y ofrece el que será el plano secuencia más doloroso y recordado del cine este año, 30 minutos de parto. Para ese sufrimiento común ni en cine vale cualquiera; prepárese para esta guerra familiar, interior y psicológica, que nos asoma al abismo de la mujer rota, de la madre huérfana. Para asistir del tirón a un parto en pantalla en el que se verá diría que cualquier mujer que haya afrontado ese proceso, ese «trabajo», como lo llaman las matronas, en el que una pasa a ser dos para toda la vida.

La propuesta es radicalmente original y, como tal, ha dividido a la crítica y al público. Si la ve en pareja, es fácil que el otro, que soporta el horror bélico en Dunkerque y en 1917 con valor y estoicismo, le anime a desistir de sufrir, a dejar de ver cómo esa mujer, Martha (Vanessa Kirby), da a luz con dolor en casa, afronta la pérdida contra natura y el desgarrón de la pareja y la familia que a la vez le permite resurgir, afrontar un juicio con coraje, romper esa inercia de buscar culpable ajeno para expiar una pena propia.

La película, basada en parte en la experiencia de Kata Wérber, pareja del director, que sufrió un aborto espontáneo en su embarazo y que recuerda, entre otros, el caso del cantante John Legend y su esposa, Chrissy Teig, trasciende el debate social del parto en casa para ampliar el ámbito de la discusión a la libertad de elegir, a la capacidad de asumir las consecuencias y a la de renacer tras la tragedia. La solución del filme es un poco hollywoodiense, pero hay que tratar este horror en la ficción, como se han abordado otros desde hace mucho tiempo. Solo que, para esto, no estamos preparados.

Kirby está de Oscar. No menos Ellen Burstyn, su madre de hierro. Hay muchas metáforas, algunas obvias, pero la más bonita de Fragmentos de una mujer la dan las manzanas, esa que Martha huele en el súper, otra podrida, las semillas de la fruta que ella pone entre algodones en la nevera. ¿Qué significa el final de Fragmentos de una mujer? Somos pedazos de historia que sostiene la esperanza.

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