«Vacaciones en el Cáucaso»: Del amor a Loxandra al flechazo ruso

FUGAS

Se publica en castellano otro clásico de la literatura griega de Maria Iordanidu

18 jul 2020 . Actualizado a las 18:13 h.

Antes de hablar de Vacaciones en el Cáucaso (Acantilado) es obligado el recuerdo a su punto de partida, a la muchacha y después abuela más querida del Mediterráneo que conocimos con Loxandra (Acantilado). La primera novela publicada en castellano de Maria Iordanidu (Constantinopla, 1897-Atenas, 1989) hace dos veranos supuso un golpe de luz, una revelación para un público que desconocía el magnetismo y vitalidad de uno de los personajes más carismáticos de la literatura griega. Ahora, la editorial vuelve a sumergirnos en un universo del que no querremos salir de la mano de su nieta. De esa Ana (alter ego de Iordanidu), que aprendió de su abuela algo que no estaba en el silabario que le habían dado en la escuela, «a sentirse feliz de estar viva y de ver y de oír (...) a amar cualquier cosa a la que se dedicara».

El libro, con paralelismos autobiográficos con la vida de la autora, pero donde «los personajes son, casi todos, inventados», parte de una Constantinopla que en 1914 está a punto de convertirse en Estambul y saltar del medievo al siglo XX. Con Ana, nos despedimos de una Loxandra que, «sentada en su sillón, dormía como una bendita» para viajar a un destino arriesgado en el peor de los momentos.

Unas vacaciones de un mes en el Cáucaso se convierten en una odisea de casi cinco años en los que Rusia encadena la Primera Guerra Mundial con la Revolución y la guerra civil. En medio de ese barullo, una niña de 14 años pasa de la desazón por este retorcido destino a amar los platos, la cultura y la lengua eslavas.

Así es Rusia. Un país oriental, hospitalario. Rusia sabe cómo atraerte hasta su seno y engullirte

La traductora Selma Ancira vuelve a transmitir la frescura, espontaneidad, ternura, humor y amor con los que Loxandra nos deslumbró. Esta vez, no vela por su nieta la virgen de Baluklí, sino el retrato de Tolstói; a los barrios constantinopolitanos de Pera, Gálata o Makrojori los sustituyen la estepa, el mar Negro y Stávropol; el conflicto entre griegos, turcos y armenios de por medio queda atrás y son los cosacos, el Ejército Rojo y el Blanco los que marcan los días de nuestra protagonista. «Así es Rusia. Un país oriental, hospitalario. Rusia sabe cómo atraerte hasta su seno y engullirte». Ana tuvo una gran maestra.

Selma Ancira: «Saber vivir la vida es una obligación, eso es lo que quiso decirnos Tolstói»

mila méndez

Con un padre actor, en su casa los dramaturgos rusos eran como unos tíos que vivían en otro pueblo y de los que se hablaba con familiaridad. Cuando llegó el día de escoger carrera, Selma Ancira (México, 1956) determinó que había llegado el momento de conocerlos. Así llegó al ruso. Cartas del verano de 1926 la empujó a la traducción. Era una necesidad compartir con los lectores hispanohablantes aquel universo que había descubierto. La traductora de Pushkin, Dostoyevski o Pasternak, galardonada este año con el Premio Hispanoamericano de Traducción Literaria, ha hecho posible la publicación, por primera vez en español, del único libro con el que Lev Tolstói quiso ser recordado, El camino de la vida (Acantilado). De todas las citas del maestro ruso, ella ha fijado una en su muro de Twitter. «Cuanto más verdaderamente sabio es un hombre, más sencillo es el lenguaje en el que expresa su pensamiento». Trata, dice Ancira, «sobre la sencillez de la sabiduría».

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