El libro más difícil para un viejo escritor

La nueva novela de Ramón Pernas es un libro pleno de madurez que deja un poso exquisito de nostalgia


El libro de los adioses es la última novela de Ramón Pernas publicada en Espasa. Me atrevo a decir que es un libro pleno de madurez, aun habiendo ganado premios como el Ateneo de Sevilla o el Azorín con obras anteriores.

Un afamado y ya viejo -veterano si quieren- escritor, de vuelta ya del más alto reconocimiento oficial, caso del premio Cervantes, recibe de su editor el encargo de escribir un nuevo libro, el más difícil sin duda de cuantos ha publicado hasta entonces. Probablemente también el último. Ramón Pernas logra una prosa fluida, limpia, desprendiéndose de adjetivos vanos (esos que sobran, de los que uno va despojándose con la edad). Nos ofrece una lectura fácil, ágil, por depurada. Deja un poso exquisito de nostalgia grata.

El libro de los adioses me trajo a la memoria el Diario de un mal año, de Coetzee. En ambos el protagonista es un escritor consagrado, entrado en años, en su tramo final. Coetzee lo encierra en un apartamento con una joven que ayuda al maestro en su trabajo literario y pone un poco de orden en sus tareas y en su caos diario; lo lleva a un ámbito íntimo. Coetzee da trascendencia social de ese tiempo novelado a través de ensayos que el viejo escritor va elaborando para conferencias y encargos y que forman parte también de la obra. Arriba los ensayos, por la parte baja de las páginas el relato. El experimentalismo de Coetzee.

Ramón Pernas abre las puertas y ventanas de la casa-novela de su protagonista -el afamado escritor Leonardo del Río- para que entre la realidad y a la vez le hace salir a la calle, visitar ciudades; Leonardo del Río se relaciona con reconocidos escritores, académicos, clásicos vivos de su misma altura que pululan por estas páginas; con ellos comparten tiempo y páginas famosos chefs, personajes conocidos de televisión y crónicas y sucesos que se nos hacen familiares, que hemos visto en los informativos en los últimos años.

Un acierto hacernos partícipes del momento, ayuda a entrar en la lectura, a vivirla.

A Leonardo del Río también le cuida Amanda. La novela está escrita con varias voces de los protagonistas: el viejo escritor Leonardo del Río, la propia Amanda y Ricardo, un experimentado periodista de larga trayectoria, al que une una vieja amistad con el maestro.

Ramón Pernas nos sitúa así en distintas perspectivas y la lectura resulta más interesante y a la vez amena. Qué decir, sobra oficio. Y siempre aparece en su narrativa Viveiro (Vilaponte), sus parajes; en esta novela concretamente su Semana Santa, con un pasaje de Jueves Santo en los claustros del viejo monasterio de San Francisco en una tarde de lluvia intensa; escena de cierta trascendencia que queda en la memoria del maestro.

Magnífico el final: el viejo escritor reconocido como hijo predilecto en su localidad de origen y que idea casarse esa misma mañana antes de su nombramiento oficial, aunque finalmente no va a ser así como él ha planificado. No exactamente. Esas y otras situaciones. El amor apasionado en París, a la vez durísima narración a flor de piel; esos picos de máxima pasión y mayor crueldad. Para mí el eje central sobre el que gira -o puede girar- toda una vida. ¿Y la novela por encargo? Lean.

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