«Destrozamos infancias, pero arreglamos vidas adultas»

Ladilla Rusa llevan su desparrame punki y festivo al Playa Club y a la sala Karma


La espita la abrieron dúos como Las Bistecs u Ojete Calor, poniéndole sentido de humor al petardeo electropop. Y la culminan, de momento, Ladilla Rusa, quienes incluso le añaden un fino barniz de ácida crítica. Tania Lozano y Víctor Fernández se conocen desde los 12 años. Juntos estudiaron también periodismo. Cuentan que se entretenían escribiendo letras dedicadas a sus profesores menos deseados. Fue solo el principio. Hoy nadie se libra de sus dardos eléctricos. Ni muertos ni vivos. Primero fue Macaulay Culkin quien los catapultó al éxito viral. Después llegó Kitt y los coches del pasado. Y finalmente todo un disco, Estado de malestar. Un auténtico desparrame punki y festivo en el que tienen cabida la rumba bakala, el italodisco, la mákina noventera, el trap con aires árabes e incluso una jota electrónica. Así, a lo loco.

—En Ladilla Rusa, ¿prima el humor o la crítica?

—Víctor: El humor es lo más importante. Las canciones son un poco la excusa, una manera de darle forma. Y la crítica está ahí porque hay cosas que nos preocupan y es normal que aparezcan en ellas.

—Decís cosas que si en vez de cantarlas, como hacéis vosotros, disfrazados y a ritmo de Casiotone, las dice un rapero con cara de malote, igual se va a la cárcel.

—V: Sí, totalmente. De hecho Estado de malestar tuvo varios retoques para no que no acabásemos en el trullo. Es una lástima que la libertad de expresión corra permanentemente tanto peligro.

—Os burláis de la monarquía, de los políticos, de los ídolos de Hollywood, de los muertos ilustres, de las princesas de Disney... ¿Hay alguien con quien no os atreváis a meteros?

—Tania: En Criando malvas al principio nos atrevimos a decir “David Bowie, criando malvas” pero luego lo quitamos. 

—V: ¡Uf! Es que somos muy fans. Pero generalmente no nos cortamos porque tampoco hay ninguna saña en lo que decimos. Esa canción, por ejemplo, lo que reivindica es que nosotros seguimos vivos y por tanto tenemos tiempo de montarnos una fiesta.

—Para gamberra, “Princesas”. Convertir a la Cenicienta y a la Bella Durmiente en unas yonquis, a Blancanieves y a Elsa de “Frozen” en asesinas y contar que lo que realmente desea La Sirenita es una vagina, semeja el culmen de la irreverencia.

—T: Para mí es una de mis favoritas. Me parece super divertido haberle dado la vuelta a la historia y haber cambiado el cuento. A lo mejor destrozamos infancias pero arreglamos vidas adultas.

—V: Ya va siendo hora de repensar algunos fundamentos que hemos aprendido de manera no muy saludable, como el amor romántico o el tipo de relaciones.

—La semana pasada en estas mismas páginas entrevistamos a Los Chichos. ¿Qué significaron para vosotros?

—T: Los Chichos son una referencia musical fundamental. Los hemos mamado y escuchado mucho. De hecho Macaulay Culkin está inspirada en Los Chichos cien por cien. La gente nos decía que si estaba inspirada en Camela, pero para nada.

—V: Yo recuerdo que aunque por generación no nos correspondía, nos pasábamos las cintas de Los Chichos como auténticos tesoros. Sí, sí, vivan Los Chichos.

—¿Se podría decir que hoy en día Youtube es a la música lo que en aquel momento fueron las casetes de gasolinera?

—V: Es un buen símil. Entonces, era la forma que había de compartir y descubrir nuevos grupos. Y sí, eso es lo que ocurre hoy con Youtube. Por lo menos así ha sido como nuestra música se ha hecho conocida. Nosotros no hemos hecho ninguna campaña de promoción. Todo lo que ha pasado, ha pasado por sí solo. Eso es lo que nos sorprende más.

—Habéis dicho que a vuestro segundo disco le queréis dar otro aire. ¿Por dónde queréis que vaya?

—V: En las canciones nuevas en las que estamos trabajando mantenemos la idea de jugar y experimentar con varios estilos. Pero sí que vamos abordar temas diferentes. No vamos a volver a hablar de lo que ya hemos hablado.

—T: Ladilla Rusa ya tiene un sello como muy personal, jugamos mucho a hablar de cosas costumbristas y eso tampoco lo queremos perder.

—Primero como periodistas vinculados a la escena musical y ahora como protagonistas de ella, ¿qué es lo más importante que le ha pasado a la música de este país recientemente?

—V: La dignificación del humor en la música.

—T: Personalmente, lo más importante que nos ha pasado es que podemos vivir de la música. Hay muchos músicos con muchísimo talento que no lo consiguen. A nosotros nos han ayudado mucho las redes sociales. Así que creo que es importante saber estar en las redes y vender algo que sea diferente.

—¿Y lo más triste?

—V: Algunas pérdidas icónicas que hemos tenido.

—T: Para nosotros lo más triste fue una vez que dimos un concierto y vinieron mi primo y dos personas más (se ríe).

—V: Eso fue al principio de todo y, mira, al final estuvo bien. Eso es algo por lo que todo el mundo tiene que pasar en algún momento. Ah! También es muy triste que haya muchos intermediarios que se intentan a provechar de los músicos. Eso cabrea mucho.

—¿Podemos considerar a Ladilla Rusa un feliz daño colateral de la situación de precariedad que vive nuestra profesión?

—V: El proyecto Ladilla Rusa nació de una forma independiente. No tuvo que ver directamente con los desencantos que podamos haber vivido con la profesión, que evidentemente los ha habido. Aunque nos hubiésemos forrado como periodistas Ladilla Rusa habría nacido igual.

—T: Sí, sí, es algo que estaba escrito. Que empezó como una broma y se nos fue de las manos. 

—¿Como titularíais un artículo sobre Ladilla Rusa?

—T: La movida no está muerta, Ladilla Rusa la ha resucitado.

—V: Ladilla Rusa, la fiesta está servida.

A CORUÑA

PLAYA CLUB, viernes, 22.30 agotadas

Pontevedra, Karma, sábado, 22.00 agotadas

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