Salinger, la isla y el laberinto de espejos

Musso arma un «thriller» absorbente en torno al pasado de un escritor consagrado recluido y a un aprendiz idólatra


Pasa Guillaume Musso (Antibes, Alpes-Maritimes, 1974) por ser el escritor de más éxito de los últimos años en Francia. Se habla de más de 32 millones de ejemplares vendidos solo en su país (y sus obras se han traducido a 42 idiomas). Son muchos libros. A España intenta trasladar ese fenomenal impacto Alianza, sello del grupo galo Hachette, que lo ha lanzado como autor de thriller con La huella de la noche y, ahora, La vida secreta de los escritores, dos títulos con los que ratifica su hábil giro desde las esferas de lo fantástico-sobrenatural y lo romántico.

Por tratar de situarlo, hay en La vida secreta de los escritores algunos ecos de Stephen King y, desde luego, son el entretenimiento y la evasión donde debe buscarse la mejor virtud de Musso. Él, además, no se anda con remilgos y se confiesa orgulloso de hacer «novelas populares», aunque en esta su última publicación se cite a Virgilio, Shakespeare, Flaubert, Kafka, Nabokov, Margaret Atwood, Umberto Eco, Kundera, Steinbeck, Rimbaud, Fray Luis de León, Philip Roth, Queneau, Emmanuel Lévinas, Dany Laferrière, García Márquez, Proust, Joyce y un largo etcétera. Muchas de estas solemnes presencias vienen a cuento de un debate -sobre la creación- que alimenta el relato y fundamenta los encuentros y conversaciones entre el escritor novel (Raphaël Bataille, ejerce de investigador en la trama) y el consagrado (Nathan Fawles, sobre el que se edifica el misterio). Este asunto de la escritura como labor solitaria adereza el ejercicio metanovelesco que sostiene la narración, aunque ofrece no pocos riesgos al bordear los límites del estereotipo.

Y es que el artefacto literario de Musso camina demasiadas veces por el filo de lo tópico en ese juego de espejos que plantea, entre la verdad y la mentira, como en un laberinto o en un desafío de muñecas rusas, en un tour de force en el que introduce una narración dentro de otra narración, una novela dentro de otra novela. El problema es que cuando se fuerza en extremo este planteamiento la credibilidad se tambalea y el lector empeña casi todo su esfuerzo en desenmascarar el engaño, en adelantarse a la celada.

Sin embargo, pese a que esto parece una carga demasiado onerosa, Musso logra enganchar al lector, aun atrapado entre los desequilibrios de una historia articulada alrededor de una especie de Salinger, de genio retirado del mundanal ruido que huye del pasado. La necesidad de saber se impone, la curiosidad acaba triunfando y la audiencia apurará el vaso de la intriga más allá de los matices amargos y los sinsabores. Incluso querrá conocer cuánto hay de no ficción en esta construcción novelesca y si es verdad que el autor ha tomado algo de la realidad.

Musso sale airoso frente a las muchas amenazas acechantes en parte porque pone en liza a un escritor enclaustrado, a un aprendiz idólatra y ambicioso y a una periodista, y con esta mezcla cualquier cosa puede ocurrir. También ayuda la elección de una isla (ficticia) como ecosistema, un espacio que siempre regala enjundiosas posibilidades cuando se persigue armar una atmósfera opresiva, cerrada, que en apenas un instante puede entrar en ignición, sobre todo con la irrupción de un (in)oportuno temporal que añadirá aislamiento y tensión en las relaciones. Más allá de dar un aire al relato de enigma de habitación cerrada, de las eficaces trampitas, de que algunos personajes adolezcan de escasa profundidad psicológica y de que últimamente el recurso de la isla esté sobreexplotado en el género negro, Musso impone un ritmo vivo al lector, que difícilmente podrá quejarse de falta de diversión.

«LA VIDA SECRETA DE LOS ESCRITORES»

Guillaume Musso

EDITORIAL ALIANZA PÁGINAS 252 PRECIO 18

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