El milagro de Nélida

¿Qué haría si le quedase un año de vida? Nélida Piñón hizo lo que mejor sabe hacer: escribir. Y sobrevivió al diario de su muerte


Una sentencia cambió instantáneamente la vida de Nélida Piñón (Río de Janeiro, 1937). De esa sentencia, la de un oncólogo que le dio entre seis meses y un año, nació el «diario de la muerte» de la premio Príncipe de Asturias, la primera mujer en presidir la Academia Brasileña de las Letras. «Me despediré asumiendo lo que fui. Como mujer, brasileña, gallega y escritora». Así comenzó a decir adiós, arropada por sus cargos nobles, sin conflicto de identidad, quien deshojaba días en silencio, hasta que supo que el veredicto era erróneo. De un error nació un libro. El tiempo de descuento cambió a suma dichosa. Y Nélida comenzó a alumbrar el diario de la vida.

La épica del corazón y la alegría sencilla de existir, con los fracasos y los riesgos que entraña (fórmula misteriosa y perversa), palpita en Una furtiva lágrima, con deseo, curiosidad y el saber de años de oficio. La avidez filosófica convive en esta pieza con un apego a lo cotidiano que advierte, con todo, que el hogar y sus rutinas son insuficientes si se quiere una aventura plena de la vida.

CALDEIRADA DE RECUERDOS

Cruzarán la neblina del puerto de Vigo, pero no en una de las últimas novelas del bum del noir galego, sino en un relato que amplía el foco ante el conflicto de los nacionalismos, da el protagonismo a la mujer, y el relato de su evolución, y despliega el mapa del tesoro de la creación, de la visión artística de la realidad del mundo.

«Ahora sé que, al asumir España como parte de mi narrativa, acepté fracturas internas, honré aquello que debía a la herencia familiar, sin dejar de amar con devoción la patria brasileña que llevo conmigo dondequiera que vaya», asegura. Una reflexión reveladora. ¿Maduramos cuando aceptamos nuestras fracturas, que estamos hechos de contradicciones internas?

Con estrellas y quimeras, sin perder de vista los cimientos, honrando a los padres, con un Estatuto del amor que deberíamos leer mucho antes que al Estivill de turno al tener hijos, Nélida Piñón emprende en esta furtiva lágrima un viaje a sorbos, o a pasos de baile, a la felicidad, vals dulce pero adulto, felicidad que se busca mucho más que se exhibe, autorretrato literario selecto, pero mundano en el más delicioso de los sentidos.

No hay límite de edad ni proceden dos rombos, pero aquí se desnudan pasiones, amores, dudas, la savia que nutre a una mujer de 82 años de vida y 50 de oficio.

Carta magna. Este libro es una constitución esencial de la memoria que Nélida se escribe a sí misma y nos ofrece como una herencia en vida. Piñón da cuenta de sus severos problemas de vista, de la emoción de los primeros libros y visitas al cine y al teatro, de su cultura mestiza, de un deseable (y razonable también) culto a Epicuro, de la peculiar relación que mantiene con Dios, de amigos célebres y anónimos, e incluso desliza algún reproche: «Tarantino se extralimita, pese a su gran talento. Me sirve sangre en la cuchara de la sopa, y yo vomito».

Entre fogones y sartenes, «pelando patatas», sin perder de vista a Scherezade y Artemisa; a su madre, Olivia Carmen Cuíñas Piñón, y a su perro Gravetinho, Nélida Piñón cocina una caldeirada de recuerdos. Este inventario desvela la materia prima de sus historias, y mima Galicia, berce. Fiel a sus maneras minuciosas y tranquilas, Nélida Piñón recuerda cómo comulgó en casa de la abuela Isolina, en Borela (Cotobade), con las cantigas de Martín Codax o los poemas de Rosalía de Castro. Con el gigante Cervantes.

Sosteniendo entre una mano y otra el hilo dorado de su historia, Piñón vuelve a poner el foco en el relato de la emigración de sus padres y abuelos Amada y Daniel desde Galicia hasta Brasil, un viaje que la escritora recorrió a los 10 años en sentido inverso, para descubrir una España sumida en la pobreza, en el 47.

«Me atrevo a concebir el mundo como una ficción», declara Nélida Piñón en un alarde de osadía. Realmente es, conociendo el final, la mejor manera de vivir en él. Disfruten del baile en cada paso.

Nélida Piñon: «Siempre he sido feminista, incluso cuando no sabía que lo era»

enrique clemente
Nélida Piñón acaba de publicar «Una furtiva lágrima»
Nélida Piñón acaba de publicar «Una furtiva lágrima»

La autora publica un diario en el que reflexiona sobre sí misma, sus raíces gallegas, la literatura o el oficio de escribir

El 2 de diciembre del 2015 su oncólogo le dijo que padecía un cáncer de páncreas y le quedaban entre seis meses y una año de vida. Le llegaron a administrar quimioterapia. Un diagnóstico que con el tiempo se demostró equivocado. «Cuando me lo dijeron pensé en hacer una especie de cortejo fúnebre, dedicar el tiempo que me quedara a escribir este diario», asegura. Con lo que llama «sentencia» en mente, Nélida Piñon (Río de Janeiro, 1937) decidió escribir Una furtiva lágrima (Alfaguara), un diario íntimo compuesto como un collage impresionista en el que mezcla sus reflexiones sobre la literatura o el oficio de escribir con las que hace sobre sí misma, su familia y sus raíces gallegas. Esta octogenaria de gran vitalidad pregunta a sus entrevistadores sobre Cataluña o su pronóstico en las elecciones del 10N.

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«UNA FURTIVA LÁGRIMA»

NÉLIDA PIÑÓN

EDITORIAL ALFAGUARA PÁGINAS 233 PRECIO 17,90

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