Nélida Piñon: «Siempre he sido feminista, incluso cuando no sabía que lo era»

La autora publica un diario en el que reflexiona sobre sí misma, sus raíces gallegas, la literatura o el oficio de escribir

Nélida Piñón acaba de publicar «Una furtiva lágrima»
Nélida Piñón acaba de publicar «Una furtiva lágrima»

El 2 de diciembre del 2015 su oncólogo le dijo que padecía un cáncer de páncreas y le quedaban entre seis meses y una año de vida. Le llegaron a administrar quimioterapia. Un diagnóstico que con el tiempo se demostró equivocado. «Cuando me lo dijeron pensé en hacer una especie de cortejo fúnebre, dedicar el tiempo que me quedara a escribir este diario», asegura. Con lo que llama «sentencia» en mente, Nélida Piñon (Río de Janeiro, 1937) decidió escribir Una furtiva lágrima (Alfaguara), un diario íntimo compuesto como un collage impresionista en el que mezcla sus reflexiones sobre la literatura o el oficio de escribir con las que hace sobre sí misma, su familia y sus raíces gallegas. Esta octogenaria de gran vitalidad pregunta a sus entrevistadores sobre Cataluña o su pronóstico en las elecciones del 10N.

-¿El lector de este libro se hará una idea cabal de quién es usted?

-Creo que ayuda mucho, porque acumula reflexiones que no pueden ser gratuitas, no vienen de la nada, comprenden puntos de vista, ideas, sentimientos. Yo estoy dentro de esta narrativa, sin duda.

-¿Quién es Nélida Piñon?

-Ni yo misma sé quién soy. Desde niña busqué un modelo ético y a la vez estético, que no son incompatibles. Soy hija de la estética y de la ética. No me gustan los escritores que muestran la crueldad y la miran callados. En la literatura hay que tomar partido en defensa del humanismo. Soy una mujer que trata de vivir con un mínimo grado de decencia y cree mucho en el arte.

-¿Cómo es su relación con Galicia?

-Es profunda desde que nací, porque lo hice en una casa gallega en Río. Mis abuelos eran gallegos, mi padre también, mi madre y sus hermanos brasileños. Esa relación fue absolutamente extraordinaria para manejarme en la vida, porque muy temprano fui consciente de que tenía una doble cultura. Mi familia me prometió que un día conocería España, no dijeron Galicia. Yo no sabía dónde estaba. Mi madre me explicó que había un océano entre nosotros que había que cruzar. Cobré noción del espacio, de la dimensión de la geografía y del viaje mítico, era como Ulises volviendo a Ítaca. La comida, por ejemplo, me marcó mucho. Mientras mis amiguitos en Brasil comían arroz, yo comía también pulpo en mi casa.

-A los diez años fue por primera vez a Galicia, a Cotobade, el lugar de nacimiento de su padre, Lino.

-Fui con mis padres y mis abuelos. Cuando llegué a Vigo, en noviembre, hacía frío, neblina, llovía, las mujeres iban vestidas de negro. España vivía en la pobreza y mis padres decidieron llevar de todo para ayudar, comida, café, arroz, jabón. Cuando vi el puente medieval de Cotobade me enamoré profundamente de aquel universo, la capilla, los árboles. Me sentí una celta, una druida adorando los árboles. Y pensé voy amar Galicia para siempre y nunca la he dejado de amar. Soy una brasileña que amo profundamente Galicia, la llevo en el corazón, está en mi alma. Sus leyendas me alimentan.

-En el libro reproduce una frase que ha sido una especie de lema en su vida, «todos los días alguien nos llama simbólicamente a la puerta para invitarnos a desistir; nuestro deber es rebatirlo con un profundo no».

-Esa frase es de hace muchos años. Me la decía a mí misma cuando empecé a comprender la dificultad de ser escritora, lo fácil que era desistir para siempre, con el agravante de ser mujer y brasileña, es decir periférica. Pero a la vez nunca me quejé, nunca pensé que era imposible.

-Siempre ha sido feminista.

-Soy una feminista histórica por la edad, empecé a serlo muy joven. Siempre he sido feminista, incluso cuando no sabía que lo era.

-¿Qué le parecen movimientos como el MeToo?

-Me gusta mucho el MeToo. Hoy los hombres sienten pavor a ser acusados de machistas, porque afecta a sus carreras. El hombre puede seguir siendo machista, pero tiene que simular que no lo es. Es una conquista. El problema es que haya mujeres que mientan, ¿por qué no? La mujer no es santa.

-¿Qué opina del caso de Plácido Domingo?

-No lo conozco, pero sé que era un hombre seductor y mujeriego, pero eso no es malo en sí. Yo también he seducido, es un placer de la vida. No pienso que tengamos que ser monjes. Pero depende de qué instrumentos utilices, si es algo sórdido no se puede aceptar.

-Hay otra frase del libro que destaca: «La ira y la inconformidad me siguen acompañando».

-La ira contra la injusticia, la que no te deja anestesiar frente a la realidad, la que te hace conmoverte con la miseria ajena. Si envejeces siendo inconformista es una garantía de que sigues siendo joven.

«Hoy no hay estadistas, solo políticos oportunistas»

En el libro hay muy escasas referencias políticas, pero destaca su crítica a los políticos actuales. «No tengo ninguna admiración por los políticos de hoy, no hay estadistas, solo oportunistas que piensan en sus propios intereses y no tienen escrúpulos, mediocres que desprecian la cultura», afirma Piñon.

-¿Qué opina de Bolsonaro?

-Es un torpe, un hombre simple, que ganó las elecciones solo por el rechazo de la mitad del pueblo brasileño al partido de Lula.

-¿Lula fue una decepción?

-Una decepción profunda, es un hombre brillante, impresiona que teniendo un origen tan humilde, que detesta los libros, tenga una gran capacidad de absorberlo todo. Pero cambió la gloria por sus ambiciones personales.

-¿Se considera una persona progresista, de izquierdas?

-Una progresista que lucho por mi independencia y opto por lo que me parece de acuerdo con mi sensibilidad política, mi espíritu cívico y mi formación humanística.

-¿Cómo ve lo que está pasando en Cataluña?

-Yo viví en Barcelona un año y medio y cada año iba varias veces, pasaba unos cuatro meses allí. Tengo grandes amigos. Ha sido una sociedad linda conmigo, inteligentes, voluntariosos, pero nunca había detectado ese espíritu independentista. Veo lo que está pasando con una gran tristeza.

-¿Qué le parece la concesión del Nobel a Olga Tokarczuk y Peter Handke?

-A Handke lo he leído, tuvo posiciones horribles apoyando a Milosevic. Pero hay que juzgar a los escritores por su trabajo. Por ejemplo Borges era muy conservador, pero un escritor extraordinario. No le dieron el Nobel justamente por ser conservador. A Tokarczuk no la conozco, solo tiene dos libros publicados, no tiene obra y el Nobel se otorga a una obra contundente.

-¿Cree que le darán el Nobel algún día?

-En Brasil lo dice mucha gente, pero yo no pienso en ello. Ningún brasileño lo ha ganado nunca. Para mi lo importante es seguir escribiendo y vivir con entusiasmo. Soy una enamorada de la literatura y del ser humano, aunque sea cruel, sórdido y sublime a la vez.

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