Jorge Drexler: «Un músico que escucha sus propios discos es un lunático»

Un Óscar, un Goya y 5 Grammys. De todo lo que conllevan se despoja el cantor uruguayo para presentarse solo con su voz, su poesía y sus acordes


Una silla, una guitarra y un micrófono. Sin más ornamentos se presenta Jorge Drexler. Con una iluminación tan leve -un tenue haz- que imposibilita el hacer fotos. Y con el volumen en el límite de la escucha. No hay focos móviles, proyector, ni elemento electromecánico alguno porque, explica, «el ruido de sus motores o sus ventiladores quebrarían el grado de silencio que exige este concierto». Exquisitez en grado superlativo.

­-¿Es así como se puede llegar a la esencia más profunda de las canciones?

-No creo. La esencia no es una definición lineal. Depende de la canción. Si tocas We are the champions, de Queen, en un estadio es más fácil que llegues a su esencia que si lo haces en un salón para tres amigos.

­­-Tengo la sensación de que su éxito congratula especialmente al público porque representa el triunfo de un tipo normal.

-Dice Caetano Veloso que de cerca nadie es normal. Y es cierto. Cuanto más te acercas a una persona, más compleja es su identidad. De hecho, la normalidad es una simplificación de la personalidad. Es cierto que a mí nunca me ha ido lo del artisteo. Nunca me he llamado a mí mismo artista. Soy un escritor de canciones que empezó en este trabajo a los 30 y al que le empezó a ir bien a los 40. ¡Figúrate!

­-No resulta fácil ubicarlo en la fiesta de los Óscar junto a Prince y Madonna.

-Bueno, pero ahí también estuve. E intentaba estar relajado. Pero sí, si me dan a elegir, me quedo con lo que hago en verano en El Náutico. Beber cerveza con los amigos, cocinar para ellos, charlar en la sobremesa, tocar la guitarra y cantar canciones de otros y darme un baño en la playa con mi familia. Si llegase un día en el que tuviera que andar escondiéndome para poder hacer eso, iba a ser muy infeliz. Es un tipo de vida al que no estoy dispuesto a renunciar. Además, creo que la tengo porque la he cultivado. En eso no me quito mérito. Es muy fácil que se te vaya la pinza.

­-Cuando le concedieron los tres Grammys en el 2018 confesó que no lo entendía del todo. ¿Ha llegado a entenderlo ya?

-No. Es más, viendo el trayecto que sigue la música latina aún lo entiendo mucho menos ahora. Competía contra músicos que tienen dos billones más de escuchas y de likes que yo. En mí nunca ha habido una búsqueda por satisfacer los parámetros que uno cree que se premian. Supongo que hay un sector en la Academia que está intentando que los Grammys no coincidan exactamente con los baremos de visualizaciones o de ventas. Porque de ser así, los premios perderían su sentido.

-Volviendo a su admirado Caetano Veloso, dice que para él cantar es más placentero que componer. ¿Es también su caso?

-Exactamente el mismo. Hace dos años y medio que no escribo una sola línea. Componer no es placentero. Desata infinitos tormentos interiores. En cambio, cantar es placer puro.

­-¿Coincide también con él en que le resulta más placentero cantar canciones de los demás que las suyas propias?

-Por supuesto. Los domingos me junto a tocar la guitarra con unos amigos. Cuando me piden que cante alguna canción mía me provoca un dilema. Porque no me gusta. Los domingos me gusta cantar canciones de Leonard Cohen, Bee Gees, The Beatles, Peter Frampton, de Caetano... Pero no las mías. Si las toco es como si me fuese de esa fiesta del domingo. Me voy al trabajo. El músico que te diga que en su casa se pone sus propios discos es un lunático.

­-Le he escuchado decir que el pasado está sobrevalorado.

-Es una afirmación temeraria [se ríe]. Pero sí. Con lo que no puedo es con la gente que piensa que lo mejor ya ha sucedido. Tanto en su música, como en la vida o en el amor. Que el mundo de ahora es decadente respecto a aquel en el que pasó su niñez. Eso me parece la cosa más tonta del mundo. Eso lo han dicho todas las personas de 40 años en la historia de la humanidad. Ya hay un escrito del 300 antes de Cristo diciendo lo mismo: «Los jóvenes de ahora...». Y este año habrá por primera vez una generación que diga «No, no. Lo que realmente molaba era lo del 2002».

-¿Qué le interesa de estas nuevas generaciones?

-Hay algo que me ha sorprendido rotundamente. Y es que hay un movimiento mundial por la ecología liderado por personas de menos de 6 años. Es algo que el mundo no había visto nunca.

-¿Y que no soporta de ellas?

-Para bien y para mal, estoy completamente empapado de lo que le pasa a las generaciones nuevas. Estoy al día con sus virtudes y con sus vicios. No me gusta que se hayan acostumbrado a una hiperestimulación tan grande y que dediquen tanto tiempo a festejar en las redes sociales las poquitas cosas que van consiguiendo en la vida. Eso les impide avanzar de verdad. No se puede relatar y disfrutar a la vez. El cerebro que se utiliza para relatar es diferente del que se utiliza para gozar. Y el que no esté seguro de lo que estoy diciendo que intente postear o hacer un selfi mientras tiene sexo. Es imposible. El sexo es uno de los pocos espacios que nos quedan de privacidad. La gente muestra mucho lo que come, pero no muestra lo que folla. Para el sexo apaga el móvil, pero en el teatro, en un concierto o para estar con sus hijos en la plaza no lo apaga.

­-Le recuerdo que usted ganó un Grammy por hacerle una oda a la telefonía.

-Le hice una oda a la telefonía, es cierto. Dios me libre de la coherencia [se ríe]. No me interesa. Me interesan las personas multidimensionales. Ese tipo de pensamiento único y lineal es el que está contaminando la política en España y el que está destruyendo el mundo. No un tipo que dice que odia los teléfonos pero a la vez le encantan porque, por ejemplo, le permiten saber dónde está comiendo hoy su hermano en Uruguay.

­-¿Se pierde valentía con los años?

-Yo era mucho más cobarde con veintipocos. Trabajaba de médico, tenía unas ideas bastante absolutistas sobre un montón de cosas y recuerdo que me vestía y peinaba como un señor mayor. Hoy soy conocedor de mi naturaleza y tengo la valentía necesaria para vivir acorde con ella.

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