Nos estamos equivocando de espectáculo

Guillermo Borao

FUGAS

PILAR CANICOBA

El escritor Guillermo Borao, firma invitada en Fugas

28 jun 2019 . Actualizado a las 10:58 h.

Si esto fuera un guion de cine, se encabezaría así: Interior. Museo de los Barreiros. Día. Lluvia. JOVEN (27) mira por la cristalera sin que le presten atención. El equipo de rodaje transporta el material fotográfico al despacho contiguo. Entra ANTONIO (58) y se sitúa junto a Joven.

Ahora convendría explicar la escena, porque no está previsto que se grabe. Por una cosa que no grabemos, supongo, no nos vamos a morir. Aunque parezca que sí, que no hay historia que evite la cárcel de la cámara, que cualquier ocurrencia actual, copia de copias, merece reunirnos frente a una pantalla, tamaño fachada o bolsillo. Total, el formato da lo mismo y el tiempo nos sobra.

En el museo del difunto magnate de los vehículos se rodaba una película que a ninguno le apetecía demasiado hacer. Acababan de terminar una secuencia y se preparaban para la siguiente. Hacía meses que no llovía, la gente no hablaba de otro asunto, que a ver si venía ya el agua para disolver la nube de contaminación. Y llovió. Pero no de cualquier manera. Era una lluvia lorquiana, tenía «un vago secreto de ternura, algo de soñolencia resignada y amable», y apareció en silencio, tímida en su estreno, desatada en el tercer acto, asombrosa, única. Nadie se dio cuenta. Era el show que estaban esperando, el que todos pedían, y nadie se dio cuenta. Los mejores profesionales del país solo cargaban trípodes, palios y focos. Había que seguir produciendo porque el plan no admitía demoras; había que cumplir con los plazos para que saliera esa película que la mayoría de sus autores no querría ver, aunque sí la audiencia. Porque era para la audiencia, ¿no?