Rozalén: «No me gusta que callen a Maluma, el arte debe ser libre»

«Cuando el río suena...», Rozalén vuelve a Galicia con puntos suspensivos, aferrada a sus raíces. «Cada vez estoy más orgullosa de donde vengo y lo que cuento», asegura


Rozalén es María. Y María Rozalén es «de puntos supensivos todo el rato, porque son como suspiros». Así los ve la artista folk de la Mancha que creció a golpe de copla, rock y canción de autor. «Aún no tengo claro si esta es mi vocación, lo que sé es que cantar es lo que más feliz me hace. Si no cantase, me moriría...», asegura dejando un rastro de puntos suspensivos la autora de un himno como La puerta violeta y hits como 80 veces y Girasoles, que vuelve a Galicia con una gira que no ha dejado de abrirle puertas. Este sábado, día 4, actúa en A Coruña.

 -«Cuando el río suena», a A Coruña llega la música. ¿Está fluyendo la gira?

-Está siendo tan especial, por lo emocional que conlleva... Llevamos ya un año. Y como que todo el mundo sabe ya en lo que anda, pero pensé que se iban a cerrar un montón de puertas, y está siendo lo contrario. Estoy muy esperanzada. Hablar de cosas tan duras dentro de todo lo superficial que vivimos... es como que tienes que esforzarte el triple para llamar la atención, porque no hay fuego artificial.

­-Tres álbumes, tres éxitos. Dos discos de platino. Doble nominación a los Grammy. ¿Este es el disco que más te está dando?

-Sí, y yo estoy en el lado más humano. Estoy orgullosa de donde vengo, de lo que cuento y cada vez me reafirmo más.

­-¿Qué manda, o qué va primero cuando escribes, el mensaje y el compromiso social, o la intuición y la libertad para crear algo nuevo?

-Me encanta lo musical, que las melodías sean siempre diferentes. Mis compañeros me dicen que tengo melodías ricas... Pero yo lo primero que pienso es lo que quiero decir, y después, cómo lo voy a decir. Los que piensan como yo están ahí. E intento ser súper respetuosa con todo. Sé que hay gente que no piensa como yo, y quiero hablar con esa gente, ser cariñosa en los mensajes y jugar con la empatía, que es la única que nos puede llevar a ver las cosas de otra manera; poner caras e historias propias a las cosas, intentando que la gente se ponga en la piel de los demás. Yo primero escribo mucho y después juego con las melodías.

-¿Qué tal tu primer Sant Jordi, con «Cerrando puntos suspensivos»?

-Fue alucinante, volví reventada a casa, ¡y llegué a dormir diez horas! También porque me vine de Barcelona a Madrid. Alucinantes las colas que tuve para firmar, y el cariño que se recibía... Fue brutal. Ver en mi primer Sant Jordi tanto río de gente con una rosa en la mano y con el libro es para mí también muy esperanzador.

-De niña querías dedicarte a algo que te permitiera viajar, estudiaste Psicología, el primer disco de oro llegó en el 2014 y llevas ya más de seis años dedicando tus días a cantar. ¿Qué es esto que aún te resistes a llamar vocación?

-Nunca lo he tenido claro, y no lo tengo claro ahora, eh... Yo lo único que sé es que cantar es lo que más feliz me hace. En realidad, llevo media vida cantando. Cuando no canto, no toco la guitarra o no escribo, me deprimo. Si no pudiera cantar, me moriría. Literal. Pero me gustan la psicología, la literatura, ¡un montón de cosas! Cuando descubrí la psicología me encantó y a veces echo de menos no acudir más a los libros. Cuando en las canciones toco ciertos temas, necesito ponerme a estudiar. Quiero hablar de memoria histórica, de feminismo, de mujeres... Y sé que aún tengo mucho que aprender.

 

­-«Lo que hago es un caldito a fuego lento», has dicho.

-Sí, eso es la canción de autor. Y se ha puesto de moda otra vez. Al menos, se nos está dando bola a muchos cantautores. Ha habido una generación anterior en la que parecía que no existían siquiera. Ahora nos sacan en la radio y todo.

­-Quizá hace 15 años teníamos otra idea del cantautor, más sobria y aburrida, o dirigido a un público minoritario.

-Yo escuchaba a Krahe y a Sabina y ninguno de los dos son aburridos... Pero quizá cuando la gente piensa en un cantautor piensa en una guitarra, en una voz, en un ambiente íntimo.

­-¿Vive un bum la canción de autor?

-Piensa en Vanesa Martín o en el Kanka. A los cantautores los están metiendo otra vez en festivales. Yo nunca pensé que me darían bola en la televisión pública, o en la privada. Y me llaman de sitios, porque da audiencia. La gente no quiere solo cosas superfluas. Quiere más.

-La gente ha salido a la calle, en política las opiniones son manifiestas. ¿Hemos salido del armario, nos atrevemos ahora más a decir de frente lo que pensamos?

-Ahora se ve más lo que hay debajo de la piel, para lo bueno y para lo malo... Porque también se ha puesto de moda ir de facha, de racista, de machista, ¿no?

-Pero se agradece ver a las claras las ideas, saber qué piensan otros.

-La honestidad debe estar por encima de todo, lo que pasa es que me da tristeza oír y ver determinadas cosas, ver que falta humanidad de fondo.

-¿De quién eres tú más heredera?

-Yo vengo del folk, del folk de la Mancha. Y empecé tocando la bandurria.

-Tu madre te cantaba en casa...

-Mi madre me cantaba copla, mi padre me cantaba cantautores. Yo, luego, me ponía rock, punk, hip-hop a muerte. Adoro el flamenco, lo respeto mucho. Quizá lo curioso de lo nuestro, que me dicen que soy tan ecléctica, que canto de muchas cosas y colaboro con gente diferente, es que viene de esa mezcla en casa y de que soy de una generación que tuvo acceso a toda la música, gracias a Internet, que está ahí para lo bueno y para lo malo.

-¿No tienes prejuicios?

-En absoluto. Creo que toda la música es necesaria. Lo urbano, el reguetón, es necesario, y más en una discoteca a las seis de la mañana bailando. Si te quieres poner más intenso, pues... Nacho Vegas.

-¿Qué opinas de las letras, las hay que hacen daño, que sería mejor no oír?

-Yo no tengo muy claro hasta dónde llega la libertad de expresión. Yo no quiero censura. No me gusta que callen a Soziedad Alkoholika, no me gusta que callen a Maluma. En el arte deberíamos ser libres. Pero creo que podríamos escuchar las letras para trabajarlas. No me gustan la censura ni la represión ni el castigo.

-¿«El mundo está lleno de mujeres y hombres buenos»?

-Es inmensamente así, porque, si no, el mundo ya no existiría. Lo que pasa es que construir cosas cuesta mucho, y destruirlas, muy poco. Una sola persona puede destrozar una ciudad entera... El mal hace mucho ruido, pero, si miras alrededor, ves que el mundo está lleno de personas buenas.

-¿Quieres «Volver a los 17»?

-¡Ay, no! Esa es una edad muy mala. Me encanta cumplir años. Ojalá pueda llegar a la edad de mi abuela, que tiene 90.

-La mujer está en el centro de lo que cantas, y el universo femenino, en el corazón de tu activismo. En Fugas nos dijiste este octubre: «Siempre estoy escribiendo por y para la mujer». ¿Es una necesidad que viene de la infancia?

-Mi abuela y mi madre a mí me han marcado y me marcan muchísimo y me doy cada vez más cuenta. ¡Y yo me veo ya hasta hablando como mi madre! Jajaja. Mi madre es ama de casa porque ella lo ha querido, y mi padre, un gran hombre. Pero me crie en una época de matriarcado sumiso. Lo tradicional en mi casa ha sido la cultura machista. Y en el caso de mi abuela también... Pero ves que todo gira en torno a ellas. A pesar de que me decían a mí 'Quita la mesa', y no a mi hermano, y esto ha cambiado, pese a eso, me han educado en libertad, para que fuese lo que quisiera ser en la vida.

-Entonces, trascendieron lo «normal» en la época para cambiar las cosas.

-Me convirtieron en lo contrario de lo que fueron ellas, pero en realidad ellas y yo somos lo mismo. Es una cosa curiosa, no sé explicarla... Mi abuela hizo cosas muy valientes. Ella era supercatólica, pero su hija se enamoró del sacerdote del pueblo y, en esos tiempos, mi abuela le escribió una carta a los altos cargos de la Iglesia para cuestionar el celibato. Al hermano de mi abuela lo mataron en la guerra, y ella acogió a un vasco relacionado con ETA porque dijo que a las puertas de su casa no se iba a quedar ningún ser vivo. Si mi abuela hubiese nacido en mi piel, podría ser presidenta del Gobierno.

-¿A qué suena tu infancia?

-A Aute, Víctor Manuel, Lola Flores, Rocío Jurado, Bebe, Amparanoia, Luz Casal, a Los Suaves, Rosendo, Extremoduro...

-¿Con quién tienes la espinita de cantar?

-¡He cantado con todo el mundo! Pero me queda gente. Con Drexler y con Silvia Pérez Cruz me gustaría muchísimo. Y con Luz Casal, o con Residente de Calle 13... y más.

-¿Qué tal ves de salud a la música que se hace?

-Hay que salir a los bares y ver el underground, la gente está valiente, y ahora, tenemos otras plataformas. Me llamaron de una discográfica porque hicimos vídeos en YouTube y lo que veo es que en América Latina nos conocen por esos vídeos caseros.

-En todos los conciertos te acompaña Beatriz Romero, guía de personas sordociegas. Las dos sois una.

-Ella es parte fundamental de Rozalén. Cuando me falta, me falta mi mitad. Bea y yo estamos juntas desde que salió el primer disco, y espero que hasta el final.

-El 2018 hizo historia como año de la mujer, pero la movilización del 2019 ha vuelto a superar las expectativas.

-La lucha de las mujeres es la revolución más de amor de la historia. Siempre estuvo ahí, pero ahora dicen que se ha puesto de moda. Y me pregunto: «¿Qué tiene de malo?». Lo que se pide es algo normal, ¿no?

  • A Coruña Palacio de la Ópera, sábado, 4 de mayo, 21.30 horas, entradas agotadas

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