La odisea que acerca a un hijo con su padre

Daniel Mendelsohn se vale del análisis del texto de Homero para indagar en su propia historia familiar e identidad


La Odisea es uno de los textos fundacionales de la literatura occidental. La historia de Odiseo, de Penélope, de Telémaco, la guerra de Troya y el regreso a Ítaca, han alimentado a escritores de todos los siglos y lo seguirán haciendo, ya que, como todos los clásicos, cada generación proyecta en ellos sus inquietudes: son textos históricos y a la vez contemporáneos.

Una de las interpretaciones más profundas y personales es la que propone en Una Odisea Daniel Mendelsohn (Nueva York, 1960), que se lee tanto como un estudio del célebre poema épico atribuido a Homero como una guía para interpretar los sentimientos y los vínculos familiares a través de los arquetipos establecidos en la obra original. No en vano su libro se subtitula Un padre, un hijo, una epopeya.

Mendelsohn, doctor en Filología Clásica y escritor, se transmuta en el texto en una especie de Telémaco para situarse frente al enigma que no ha dejado de ser para él, incluso en la edad adulta -quizá todavía más- su padre. En ocasiones, los seres más cercanos pueden ser también los más misteriosos para nosotros. Y a desentrañar ese secreto se aplica el autor.

El desencadenante no es otro que la Odisea. En realidad, un seminario que imparte Mendelsohn sobre el texto y al que, por sorpresa, se apunta también su padre. Matemático jubilado, tras una vida en la empresa privada y un epílogo docente, Jay Mendelsohn decide asistir a las clases de su hijo. El argumento público es el de poder examinar con la mayor atención posible un texto que lo ha fascinado desde joven -en su adolescencia hizo algún estudio de lenguas clásicas-, pero el lector sospecha que, al igual que el Mendelsohn hijo lucha por comprender al progenitor, también el padre inicia un acercamiento velado a la generación que lo sucederá. No es ningún secreto que la muerte sobrevuela el relato -el autor ya lo apunta desde las primeras páginas- y quizá haya algo de cuenta atrás inconsciente que desbloquea la relación familiar.

Este redescubrimiento es el eje central del libro. En todos los años que Odiseo estuvo ausente, Telémaco creció y se hizo adulto sin conocer realmente a su padre. Sale en su busca y, tras muchos avatares, cuando al fin lo encuentra, no lo reconoce. Algo parecido ocurre con los Mendelsohn, quienes se separan por otra distancia, la emocional. El seminario y un posterior crucero por el Mediterráneo, en el que recorren los escenarios que menciona la Odisea, serán los puntos de anclaje de los que tirarán para tratar de comprenderse.

la condición de héroe

No será un proceso fácil. La descripción de la sesión introductoria del seminario es hilarante por lo que tiene de previsible -para el lector, no para el narrador: he ahí el elemento cómico-, ya que Mendelsohn padre empezará a llevarle la contraria al hijo, en teoría, el experto en la Odisea y Homero. La primera discusión sustancial gira en torno a una definición: ¿qué es un héroe? Y ¿es Odiseo uno? Para el profesor, no cabe duda. El padre, sin embargo, discrepa. Un soldado que marcha a la guerra seguido de miles de personas y que regresa solo no puede serlo. Para el hijo, en cambio, ahí reside la cualidad heroica, justificada más por motivos literarios que bélicos. Este pasaje es otra buena muestra del engarce entre análisis literario y descubrimiento biográfico, ya que lleva al escritor a preguntarse por la participación de su padre en la Segunda Guerra Mundial. Atrás quedan episodios infantiles como la percepción física del padre por el hijo: «La impresión de que su cabeza era la parte más grande de su cuerpo venía reforzada por el hecho de que se quedara calvo siendo aún bastante joven, desde luego cuando yo era pequeño, y lo que yo pensaba era que el crecimiento de su colosal cerebro dentro del cráneo había hecho que se le cayese el pelo». O la revelación de que el atildamiento de su padre se originase durante una breve etapa en la que trabajó en la tienda de Brooks Brothers.

Una Odisea puede leerse de muchas formas. La principal, claro, es adscribirla a esa larga tradición de narración hijo-padre. Pero hay más. El libro tiene también una dimensión filológica, con gran presencia de saberes etimológicos -la propia palabra odisea es examinada en sus distintas vertientes: espacio, tiempo y dificultad- y un interés por el lenguaje al que la traducción de Ramón Buenaventura añade otra capa. También es un canto en tiempos de ofuscación tecnológica a las «inútiles» humanidades -en la línea de Bertrand Russell y Cunqueiro- y el sistema de pensamiento y análisis que ofrece. Un esfuerzo que precisamente es lo que atrae a Mendelsohn padre, que admira del saber clásico la recompensa que otorga a quien persevera.

«UNA ODISEA»

Daniel Mendelsohn

EDITORIAL seix barral

PÁGINAS 416

PRECIO 20,50 euros

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