Rocky nos deja... K.O.

Ocho películas después, Stallone sigue siendo capaz de que sientas un escalofrío cuando suena la campana. Balboa dice adiós, pero nadie quiere oírlo. «Creed II» rompe la taquilla y golpea el corazón


Nada termina hasta que tú sientes que termina. Y Stallone lo sintió. Ahora es el actor de carne y hueso, el mismo que lleva casi 43 años golpeándonos el corazón, quien hace realidad estas palabras, que forman una de las citas más célebres de la saga.

Ocho películas después, el Potro Italiano se despide. Lo hace con la segunda parte de Creed, la secuela en la que Balboa adopta deportiva y emocionalmente a Adonis, hijo del emblemático Apollo Creed. Apollo, el rival de Balboa en la película que inició la saga, se convirtió con el tiempo en su gran amigo.

Ahora es su hijo, Adonis, quien se sube de nuevo al ring con Rocky en su esquina para enfrentarse al hijo de Iván Drago, el ruso con músculos de acero que mató a Apollo varias décadas atrás en un trágico combate y que ahora vuelve a encarnar Dolph Lundgren en un remake sin precedentes. Pero este no es un simple combate de hijo contra hijo, sino una convincente continuación de la historia que aporta, y mucho, a la trama.

Tras desaparecer Apollo, Rocky vengó su muerte en Rusia ganando al expreso de Siberia y dando lugar a una de las películas más exitosas de toda la saga, Rocky IV. Una victoria por la que su propio país acabó defenestrando a Drago, que fue abandonado también en la crianza de su hijo por su mujer, interpretada por Brigitte Nielsen, exmujer de Stallone en la vida real y otra de las reapariciones estrella de la película.

Creed II está a la altura de aquel bombazo, como también lo está el entreno extremo de Adonis y la banda sonora de Ludwig Goransson, digna sucesora de los ya históricos himnos de Bill Conti.

Desgraciadamente Rocky y Drago, reconvertidos ahora en entrenadores, tan solo llegan a encararse sobre el ring en su última vez. No se asestan ni uno solo de los golpes que nos levantaron de la butaca en el filme del 85. Pero esta película hace que vuelvas a levantarte. Que vuelvas a sentir las mismas ganas de salir ahí arriba cuando suena la campana, de liarte a golpes contra todos tus fantasmas. Es adrenalina pura, pero también un cierre redondo, y así se lo traslada Stallone a quienes sepan verlo en escenas tan simbólicas como la final. Rocky, igual que en la madrugada previa a su primer combate contra Apollo, se queda solo contemplando el ring, ajeno a todo.

Claro que con lo que probablemente no contaba ni el mismísimo Stallone es con que Creed II pulverizaría la taquilla norteamericana convirtiéndose en el estreno más fuerte de la historia en Acción de Gracias. Hasta la crítica, la misma que en su momento condenó la saga por mainstream, ahora la ensalza. ¿Le hará esto cambiar de opinión? ¿Volverá el Potro a ponerse el sombrero para Creed III?

Lo que sí está claro es que mientras Stallone esté al frente, a Rocky le queda toda la vida que él quiera darle. Y queda demostrado, una vez más, que ningún fan quiere que Balboa cuelgue los guantes. Generación a generación, su mensaje sigue calando con la misma fuerza: «Recuerda de dónde has salido, lo que te ha costado llegar hasta aquí». «No hay dolor». «No importa lo fuerte que golpeas, sino lo fuerte que pueden golpearte».

Rocky sigue dictando sentencia. Dejándonos K. O. en un combate que dura ya cuatro décadas. «Paso a paso. Golpe a golpe. Asalto a asalto».

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