Berta Vázquez vuelve a la cárcel

Ha vuelto a la cárcel, y feliz. Porque «Vis a vis», la serie que engancha a Messi, le ha dado cuatro años de trabajo y amigos como familia. Berta debutó con «Palmeras en la nieve» y baila «Bien duro» en el videoclip de C. Tangana. Una rebelde con causa


La vida es sabia, afirma Berta Vázquez (28 de marzo de 1992, Kiev, Ucrania). «Te lleva, te lleva...», dice con ritmo la chica del Este y origen etíope que llegó a Madrid con 18 años, madera de artista e incertidumbre en la maleta. «Yo de pequeña quería ser artista, pero creo que nunca me planteé ser actriz», cuenta. «Iba un día por la calle paseando a mi perro, una mujer me paró y me dijo que si quería hacer un cásting...». Lo hizo y no se llevó el papel en cuestión, pero un par de años después tocó el cielo en la adaptación del bestseller Palmeras en la nieve, de Luz Gabás. Hoy vuelve a estar entre rejas en la piel de Rizos, dinamita emocional. Arrestada por robo con fuerza, lesiones y posesión de estupefacientes, «Rizos es una romántica que necesita enamorarse para sobrevivir», descifra Berta. Su papel más difícil ha sido, de momento, el de El accidente, como María, amante de José (Quim Gutiérrez). Este año la hemos visto en Las leyes de la termodinámica con Chino Darín, cantar en Smallfoot y bailar el Bien duro de C. Tangana.

-Volvemos a verla de amarillo en la cuarta temporada de «Vis a vis». ¿Qué puede avanzar sobre lo que se cuece en Cruz del Norte?

-No puedo contar mucho. Nos tienen machacados con eso de no hacer spoilers... Pero pasan muchas muchas muchas cosas en Vis a vis, como siempre, y diría que esta es de las temporadas más fuertes a nivel emocional, en las tramas, en cuanto a la cantidad de cosas que ocurren. En Vis a vis pasan tantas cosas que a veces no queda espacio para contar al detalle qué le pasa a cada personaje. Es importante recordar que Rizos ha perdido a Nerea en la pasada temporada, a su pareja, pero eso no se va a aclarar ni explicar mucho en la cuarta, lo que sí vais a ver es el poso de dolor y pérdida que hay. Rizos va a estar ateniéndose a las circunstancias, que son, entre otras, tener a Sandoval en el poder machacando a las presas. Rizos va a estar más madura, alejada de esa idea del amor de estar pegada a una pareja, como la habíamos visto. Rizos va a estar más en ayudar, en estar presente en lo que ocurre, en proteger a sus compañeras, a sus amigas.

-Maggie Civantos nos lo ha dicho así: «Esta temporada es de más corazón y menos acción». ¿Coincide con esta visión?

-Sí, absolutamente. Al igual que nosotras, los guionistas les tienen ya un cariño especial a las presas. Hay ahí un compromiso, la necesidad de contar su historia personal, más allá de escribir tramas increíbles, impactantes, interesantes. Las habrá, claro, pero también la necesidad de contar quién es cada una de ellas, qué les ha pasado, de crear ese background familiar que pueda explicarlo. La verdad es que lo hemos agradecido muchísimo, nos ha dado una oportunidad que nunca habíamos tenido a la hora de trabajar a los personajes, y creo que la gente con esta parte tan humana va a conectar. Después de tanta acción, descubrir quién es quién realmente es muy emocionante.

-¿Qué está suponiendo todo este tiempo exitoso de cárcel, con fieles seguidores al otro lado de la pantalla, incluidos Messi y su esposa, Antonella? Vamos a por el balón de oro...

-A nivel humano, siempre lo decimos, esto es real. Somos familia. Ha sido tremendo haber compartido tantos años juntas, tanto en lo personal como en la apuesta por otro tipo de ficción española, y con el cambio del rol de la mujer. Han empezado ciclos nuevos a la vez para todas nosotras y haberlos compartido nos ha unido mucho. Han sido muchas celebraciones compartidas. Como persona yo he aprendido mogollón con Vis a vis. Solo había hecho Palmeras...

-«Palmeras en la nieve» supuso su estreno en el cine; «Vis a vis», el debut en televisión. Digamos que ha entrado en esto por la puerta grande...

-¡Gracias a Dios!, este ha sido el inicio de mi carrera y me ha dado trabajo durante cuatro años... Yo solo puedo sentir agradecimiento, por haberme dado la oportunidad, por haber contado conmigo, por la confianza.

-¿Respira entre toma y toma, o el ritmo de rodaje la está dejando sin aliento?

-Cuesta, cuesta... porque el rodaje de Vis a vis es muy intenso; la verdad, se agradecen mucho los descansos. Pero es intenso porque está muy vivo, y eso se agradece.

-¿Qué es lo mejor que te han dado estos cuatro años «de cárcel»?

-¿Lo mejor? A mis compañeras. Sin duda. De aquí me llevo amigas para siempre. Yo me vine a Madrid con 18 años a buscarme las castañas... Y esto ha sido un regalo. Siento eso que te decía, que tengo aquí a unas personas que son familia.

-Estrenó la mayoría de edad pisando la capital. ¿Cómo dio el salto? ¿Por qué apostó por el cine, cómo empezó en este oficio?

-Yo nunca me planteé ser actriz. Sí sabía que quería ser artista desde pequeña; en un principio quería bailar o cantar... dedicarme a algo artístico, pero no sabía exactamente a qué.

-¿Y entonces... decidió el azar?

-A mí me cuesta, a veces, creer en el azar. No es que crea en el destino, pero cuando conectas las cosas hacia atrás parece que todo tiene un sentido, ¿no? La vida es sabia. Te lleva, te lleva...

-La vida la ha traído, entonces, donde está poquito a poco...

-Yo iba un día por la calle paseando a mi perro, en uno de los peores momentos de mi vida, una mujer me paró y me dijo si quería hacer un cásting... Precisamente, porque en España no hay apenas actrices mulatas, negras ni chinas. En ese momento, esa representante, Pilar Moyá, me vio y me dijo que era el perfil de lo que estaban buscando. Esto sucedió tres años antes de Palmeras en la nieve. Hice un cásting para otra película, no pasé las pruebas pero como que esa mujer se fue acordando de mí a lo largo del tiempo, y fue la que me dijo: «Búscate una repre, que igual algún día...». Y le dije: «Vale». Me metí en una agencia y a los dos años salió Palmeras en la nieve. En ese impasse de tiempo hice lo que pude, fui trabajando en lo que me salía; buscándome la vida, básicamente.

-«Palmeras en la nieve» le dio la oportunidad de trabajar su alma negra, señaló, de meterse en la piel una mujer revolucionaria. ¿Cómo ve ahora a Bisila en el espejo retrovisor, y cómo se ve usted en su papel?

-He visto alguna vez más la película en Netflix en este tiempo y, como actriz, ya empiezo a ponerme pegas, en plan «Esto no me gusta», «Esto ahora no lo hubiese hecho así»... A ella, como mujer, la sigo viendo una mujer muy avanzada. A alguien que en un momento dado está fuera de lugar, que no sigue la corriente, al contrario, que va contra la corriente y viola todas las normas.

-Por amor...

-Por una razón de peso. Se las salta todas. Sí, es revolucionaria.

-¿Se reconoce en ella?

-En parte, sí. Me siento revolucionaria conmigo misma, a nivel personal. Soy una persona a la que no le gusta seguir la corriente. Desde pequeña me siento más sensible, no sé... Yo voy por mi caminito, observando lo que pasa a mi alrededor.

-¿Cuesta marcar un camino propio?

-Cuesta, es duro, difícil, pero es emocionante. A mí me gusta. Me gusta salirme del molde, del camino de los que se hacen al molde... pero también para aprender, para tener una mirada crítica sobre el mundo en el que vivo, sobre cómo comporta la gente, qué le mueve. Para poder verlo y entenderlo uno se tiene que salir.

-¿Y cómo ve este mundo en ebullición en que vivimos, cuál es su diagnóstico sobre lo que hay?

-Creo que todos tenemos cosas increíbles como seres humanos. Tenemos cosas potencialmente muy buenas. Hoy es cierto que hay cada vez más gente que hace lo que quiere con su vida, pero ahí están los parámetros de la sociedad... Pero hay mucha gente, como mi madre, que ha tenido que aceptar el poder, tragar con jerarquías, sin cuestionarse ni plantearse nada.

-¿Entiende ese contexto, esa dificultad para ser libres que tenían nuestros padres o abuelos?

-Claro. Yo me siento privilegiada por la época en la que estoy viviendo. Antes las circunstancias eran distintas, limitaban. Por mucho que quieras o sientas deseos de hacer otra cosa, algo distinto de lo que haces, a veces la vida te obliga. La época en la que naces tiene algo que ver con esto. Cada uno lo hace lo mejor que sabe... dentro de sus circunstancias.

-Uno de sus ídolos es, o lo fue en su momento, Beyoncé. Virginie Despentes la ve como uno de los grandes mitos feministas, de los más revolucionarios del momento. ¿Sigue admirando a la diva pop?

-Yo estoy con Despentes. El trabajo y el talento de Beyoncé son, obviamente, admirables. Su trabajo. Su talento. Su esfuerzo. Cómo ella se ha empoderado y se ha convertido en empresaria a su manera, haciendo lo que quiere y de la forma que quiere... Me parecer superadmirable que lo haya hecho, para tener la carrera y la vida que le da la gana. Beyoncé es un huracán.

-¿Otro referente más casero?

-Mi madre, por supuesto. No hay nada comparable al amor incondicional de las madres. Ellas siempre están ahí, pase lo que pase...

-Canta en «Smallfoot», la peli que da un giro a la leyenda de Bigfoot. ¿Cómo surgió?

-Pues... fue otra de esas cosas que surgieron de la manera más tonta. Una persona que trabaja en Warner, que es muy amiga, dijo: «¿Por qué no hacemos una prueba de voz?». No es habitual que la actriz que dobla haga también la canción, pero ella dijo: «Berta canta, así que le hacemos una prueba de voz». Hicimos la prueba, les gustó, ¡y para adelante! Y yo feliz... Yo feliz con lo que me echen.

-No es de las que se encogen. Hace bandera del lema «Revolución interior, revolución exterior». ¿Toda revolución empieza por dentro?

-Sí... ¿no? Hay que empezar desde uno mismo. Todo lo que hay fuera es un reflejo de lo que hay dentro de las personas, de nuestra mente, de nuestra educación... ¿no? Al final, lo que hay fuera es en parte lo que nosotros hacemos con el mundo. Es fácil juzgar lo que está haciendo el vecino, lo que hace el político, lo que hace la sociedad, pero es que tú eres parte de esto, ¿sabes? Entonces, antes de señalar, lo primero es atreverse a verse uno, a conocerse, porque si te conoces tú vas a conocer al vecino, y a entenderle un poco también, porque, al final, todos somos iguales. Supongo que para cambiar la sociedad, esas cosas que se deben y se pueden arreglar, primero hay que entender al ser humano, saber cómo funcionamos a nivel profundo.

-En eso el cine da tablas...

-Claro. Ser actriz es un ejercicio de introspección constante.

-¿Plato estrella?

-Las lentejas quizás. Hace tiempo que no cocino pero...

-¿Tiene mano para la cocina?

-Mmm... pues la verdad es que soy bastante vaga para la cocina.

-He oído que es más de cóctel que de cañas.

-Depende del día.

-Suscribe esa frase de «Bien duro» que dice «Cuando estamos mal, lo paso bien»?

-¿Que si lo suscribo? Pasapalabra... No me mojo.

-¿A quién le escribirá el primer WhatsApp del año?

-A mi madre. Y a mi hermana.

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