Alejandro Sanz, uno entre un millón

Sigue celebrando. Al artista madrileño se le acumulan motivos para festejar. A la buena acogida que tuvo el lanzamiento de su nuevo sencillo, hay que sumarle una fecha muy especial. El próximo día 18, Alejandro Sanz cumple 50 años


Nació entre Cádiz y Madrid y se crio en medio mundo. Vino al mundo en el seno de una familia humilde, era el segundo hijo de Jesús y María. Ella, una ama de casa entregada a su familia, y él, un músico de profesión e integrante de Los 3 de la Bahía, que pasaba largas temporadas fuera de casa. Jesús mejor que nadie supo entender cuando su hijo desde muy pequeño le habló de su verdadero amor por la música. Alejandro siempre cuenta que su madre le intentó quitar la idea de la cabeza e incluso le llegó a decir: «Hijo, pero si en los músicos triunfa solo uno entre un millón». «Yo soy ese uno», le dijo el artista español más internacional.

Siempre fue un niño viejo, no le gustaba rodearse de otros niños, él quería tocar la guitarra. Fue muy mal estudiante, lo llegaron a echar del instituto, pero gracias a Vicente Ramírez consiguió encauzarse de nuevo. Mientras por la mañana estudiaba para auxiliar de administrativo en la academia de Vicente, por las tardes comenzó a moverse como chico de los recados en una oficina de representación. Llevaba maletas o lo que hiciera falta. Y un día hizo falta un guitarrista. Pasó horas y horas en su estudio de grabación hasta que se lanzó a escribir un disco anónimo. Lo escuchan en Warner, y aunque no convence, ya ven que aquel jovencito apuntaba maneras. Llega el momento de Viviendo deprisa, Pisando fuerte, Se le apagó la luz... «una propuesta totalmente rompedora que en los 90 no tenía cabida en la música». Sin embargo, la historia de ese accidente de moto lo cambió todo. El concierto de Navidad en el pabellón de los deportes de Madrid en 1991 supuso un punto de inflexión en su carrera. A partir de ahí vinieron más éxitos que días. En 1997 escribe el disco más vendido de la historia de España, Más. Llegaron producciones muy ambiciosas, colaboraciones y giras internacionales. Alejandro se sitúa en el mundo y el mundo sitúa a Alejandro. Empieza a ser reconocido y premiado, pero como él mismo dice: «Ni antes era tan malo ni ahora soy tan bueno». Desde el 1991 no había tenido respiro alguno, eso sumado a las difíciles circunstancias personales que estaba viviendo: el acoso de los medios, la muerte de su padre, la separación de su primera mujer, chantaje de sus empleados... le acaba pasando factura, así que cancela la gira y echa el freno. Cuando regresa lo hace con estabilidad en el plano profesional y personal. Desde que conoció a Raquel Perera, lleva una vida tranquila, le gusta estar en casa, se siente a gusto en el papel de anfitrión. De hecho, cocina muy bien. Dice su mujer que nunca se levanta de mal humor, que es la persona menos rencorosa que existe y que nunca pone excusas. Es agradecido, le gusta divertirse, pero también busca la soledad en algunos momentos. En casa todo el mundo sabe cuándo está componiendo, lo suele hacer de noche y en su estudio, donde puede pasarse horas y horas encerrado. Aunque desde que se ha enganchado a las redes sociales, él mismo da cuenta de a qué anda. Es una persona de lazos, y con su público no hay duda de que lo tiene muy grande. Lo demostró hace un par de años, cuando paralizó un concierto y expulsó a un maltratador en México.

Con el paso del tiempo ha cerrado muchas bocas. Hace ya muchos años demostró que no era un fenómeno pop efímero; sino mucho Más, un músico hecho a sí mismo que derrocha arte cada vez que respira. No es de los que se conforman, es muy exigente, de hecho cree que las mejores canciones todavía no las ha escrito, experimenta unas veces con más acierto y otras con menos, pero sin perder su esencia, esa que le ha llevado a ser ese uno entre un millón.

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