Madonna, un 60 cumpleaños de portada

Beyoncé es la reina de la portada de septiembre de «Vogue», el número más valorado del año. Pero antes que ella, otra diva pop cambió en 1989 las reglas para que las estrellas del mundo de la música también fueran carne de primera en la revista de moda más relevante del grupo Condé Nast. Es rubia, de Michigan y se llama Madonna. Este mes, a punto de lanzar nuevo disco, sale en la portada italiana de la revista.


Para una chica de Michigan que un día de 1977, con 35 dólares en la cartera y diecinueve años, hizo las maletas para irse a Nueva York. Aquella muchacha que cautivó a Seymour Stein, fundador de la discográfica Sire Records, cumple el jueves 60 años. Lo celebrará lanzando un nuevo disco antes de que acabe el año, pero también confesando cómo es su nueva vida en Lisboa, donde tuvo el honor de conocer y hacerse amiga de la recientemente fallecida fadista Celeste Rodrigues (hermana de Amalia). Lo hace en un reportaje que es portada de este mes de Vogue Italia, justo 29 años después de la primera vez que la entonces joven artista pop rompiera moldes al ser fotografiada por Patrick Demarchelier para la primera página de la revista en su edición norteamericana.

Aquella portada causó una revolución porque fue ella la que aceleró la entrada de las estrellas del cine y del pop en un terreno hasta entonces prácticamente reservado a las grandes modelos, con excepciones como la de la elegante Audrey Hepburn (musa de Givenchy). En medio de esas dos apariciones en la front page, hubo otras muchas. No hay duda de que en ninguna de ellas dejó de dar que hablar. Porque antes de la reina Beyoncé, el trono fue de Madonna.

En la última, para Vogue Italia, la cantante (fotografiada por Mert y Marcus) ofrece una imagen más sosegada. Bajo el título Just One Day Out of Life impreso en letras amarillas sobre una foto en blanco y negro, la portada da paso a una entrevista en la que habla del año que lleva en Lisboa y las razones que la llevaron a mudarse a ese país, esta vez con algo más de los 35 dólares con los que llegó por primera vez a Nueva York.

La artista, que aparece acompañada de cuatro de sus hijos -David Banda y Mercy James, de 12 años, además de los gemelos Stella y Estelle, de 5- lleva prendas de Dsquared, Dior, Fendi, Saint Laurent by Anthony Vaccarello...; complementos de Joyas de Lana, Vanesa Montiel...

Poco tiene que ver con aquella portada de Vogue norteamericana de 1989 en la que posó con el pelo mojado y con un bañador blanco. Hasta entonces la revista de moda más prestigiosa del grupo Condé Nast, competidora de Harper´s Bazar o Elle, no había encumbrado en su página más noble a una estrella del pop. Pero un cambio de estrategia comercial para ganar público y, de ese modo, mantener la distancia con sus competidoras, la llevó a probar con una mujer que, con dos álbumes a sus espaldas o su aparición en la película Buscando a Susan desesperadamente, era un icono estilístico para jóvenes de todo el mundo con su estética pseudopunk.

Madonna era la imagen, pero tras ella estaba la mano de la fotógrafa Maripol a quien parece que conoció en uno de sus clubs favoritos de la ciudad de los rascacielos (Roxi). Su relación comenzó antes del lanzamiento de su primer álbum, Madonna, en 1982. Un reportaje publicado en junio del año pasado en Vanity Fair cuenta que la fotógrafa era la encargada de escoger entre la clientela del local a futuras bailarinas para el local. La joven del medio oeste era una habitual. La vio, le dijo que se quitara la camiseta y que fuera a bailar. Ella no le dijo que no. Era lo suficientemente atrevida para no actuar de otra forma. Desde entonces fueron amigas. Suya es la imagen de la artista en varias portadas de sus primeros discos. No es menos culpable de aquellas redecillas que tapaban los tops lenceros que la artista combinaba en los años ochenta con pantalones capri.

En una época en la que las redes sociales no eran ni un sueño, el modo de influir sobre los adolescentes, al menos en España, era a golpe de páginas en la Super Pop. Vogue no era, ni de lejos, una revista para quinceañeros, pero por qué no ampliar el espectro. Por qué no captar lectores que luego, pese al paso de los años, no dejarían de comprar la revista. No fue una idea que, a priori, convenciera al conjunto del staff de Vogue, pero llevar a la cantante pop del momento a la portada no pudo tener mejor resultado. Casualmente, o no, poco después Madonna lanzó canción con ese título. No sería la única vez que la revista jugaría con ella. La artista se dejó volver a fotografiar para la revista del grupo norteamericano prácticamente tantas veces como cambiaba de estilo. Una de las últimas fue la captada por los focos de Luigi and Diango para Vogue Alemania. Pero no hay duda de que habrá más.

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