«Como artista es ridículo estar haciendo lo mismo veinte años»

La cantante irlandesa dice adiós al rockabilly y se adentra en su último disco, «Life. Love. Flesh. Blood» en terrenos mucho más personales. Un cambio total y absoluto que dejará patente en el festival PortAmérica

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Imelda May se ha marcado un Bowie. La roquera de look años cincuenta ha desaparecido y parece que para no volver. En su lugar nace una cantautora de aspecto más natural y repertorio más personal y sincero. La cantante habla de evolución con su disco Life. Love. Flesh. Blood, pero huele a ruptura en toda regla.

-¿A qué se debe este cambio tan radical?

-Solo quería cambiar, sin más. Lo necesitaba. Como artista es ridículo pensar que vaya a estar haciendo lo mismo durante 20 años. Y como persona, más todavía. En un momento dado vi que con lo que hacía antes no iba a ninguna parte. Se me quedaba pequeño para expresar lo que quería expresar. Que no es que reniegue de mis anteriores discos, es solo que sentí la necesidad de ir más allá, ser más ambiciosa, abrirme a otros estilos más acordes con lo que sentía en ese momento, que me permitiesen expresar mejor lo que quería decir.

-¿Y cómo han acogido el cambio sus seguidores?

-La inmensa mayoría lo ha acogido muy bien. El público no puede esperar que me estanque. Eso sería la muerte para mí y para cualquier artista. Me remito a artistas que admiro, como David Bowie, Arctic Monkeys, Robert Plant... Soy fan de estos artistas y hagan lo que hagan me gusta. Es más, son los cambios que han hecho de disco a disco lo que más me gusta de ellos.

-¿Esto es un paréntesis o ya no hay vuelta atrás?

-No, no volveré atrás. No sé lo que me deparará el futuro ni lo que haré, pero seguro que no volveré atrás. Nunca me ha gustado mirar al pasado, yo soy de avanzar siempre, siempre estoy moviéndome.

-¿Y cómo será la Imelda May de los próximos discos?

-Ni idea. Es lo mismo que pasó con este disco, ya veremos qué tipo de música y de sonido necesitan las letras que vaya escribiendo. Ya estoy trabajando en nuevos temas, pero todavía no sé qué tono tendrán. Lo que es seguro es que no sonarán como los discos anteriores.

-¿Escogió a T. Bone Burnett como productor de su último disco para que le ayudase en el cambio?

-Muchos de los temas los tenía ya compuestos antes de contactar con T. Bone, así que el cambio ya se había producido. Lo que sí que vi en T. Bone fue la persona idónea para darle esa nueva sonoridad, esos ambientes diferentes, más jazz, más góspel, más country, dependiendo del tema. Sabía perfectamente lo que yo quería. T. Bone es un genio en ese sentido, además de muy buen amigo mío. Su aportación al álbum ha sido crucial.

-Cuenta con colaboraciones excepcionales en este disco: Jeff Beck, Jools Holland...

-Jeff es una leyenda, pero antes que eso es una de las personas más dulces que he conocido. Tocar con él fue un auténtico lujo. Nadie puede hacer cantar a la guitarra como él lo hace. Y mi relación con Jools es muy especial, más allá de lo estrictamente musical. Era uno de mis ídolos cuando yo era tan solo una niña. Es todo un personaje, simpatiquísimo y una persona terriblemente adorable.

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