«Me gusta la gente que tiene cicatrices»

Tras ganar el Nadal con su novela ambientada en la Costa da Morte, el escritor y ex mosso d'Esquadra Víctor del Árbol puso un punto y aparte. Y nació «Por encima de la lluvia». El autor revisa su vida en esta historia de amor que habla de la identidad y la memoria. «Está llena de mí. Quienes me conocen lo saben», asegura.


Todas las vidas tienen una historia, percibe Víctor del Árbol (Barcelona, 1968). Todas o casi todas. «Hay quienes se mojan y se atreven a ir a más lejos. A mí me gustan las personas que se atreven, que viven, que tienen cicatrices, más que las que pasan por la vida sin mancharse», asegura el ex mosso d’Esquadra que ganó el Nadal con La víspera de casi todo, y ha calado con Por encima de la lluvia. Esta novela, en que acompañamos a Helena y Miguel en el viaje de sus vidas, marca «un punto de inflexión». Víctor del Árbol vuelve sobre el pasado, pero ha dejado atrás el capítulo en que recibía cartas de rechazo a sus novelas. Llegó el Nadal «y nunca más». Partió de cero. Pero advierte que el éxito tiene sed de otras cosas, y afina una diferencia entre don y talento: «Con el don nacemos, todos; el talento consiste en alimentar ese don».

Por encima de la lluvia es una road movie, «un viaje en el que el espacio se va moviendo con los personajes. Para mí los sitios físicos simbolizan siempre algo. Me interesaba aquí revistar el pasado desde un punto de vista psicológico, el de los recuerdos, pero también desde un punto de vista paisajístico. Cuando hemos estado en un lugar donde hemos vivido algo intenso, lo recordamos de una manera determinada y a veces, al volver, ese lugar no es como nosotros lo recordábamos.

-El pasado tiene peso en su novela. ¿Cómo es la relación que tiene con él?

-Compleja. Somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos. Por encima de la lluvia me ha llevado a hacer una reflexión personal, y me he dado cuenta de que el pasado es importante en mis novelas, así que debe de serlo en mi vida... El pasado es un lugar seguro. En él nos movemos con seguridad, porque lo conocemos y podemos reinventarlo. En un momento u otro de la vida, uno debe afrontar con honestidad lo que es, y para eso es necesario asumir el pasado, tratar con él.

-Hay dolor en esta historia. ¿Sufrir, cuando es inevitable, enseña a vivir?

-No lo sé... Pero de manera natural me siento atraído por las personas que han vivido, por las que tienen cicatrices, más que por las personas que han pasado por la vida sin mancharse. Si vives de verdad acabas sufriendo, huyes de certezas y seguridades, de la zona de confort, te atreves a ir lejos y el precio que pagas es alto. Y quedan esas cicatrices, que demuestran que, al final, has vivido. A mí me gustan las personas que se mojan, que son las protagonistas de sus vidas, que se sienten heridas pero siguen luchando. Prefiero eso a un monje de clausura.

-¿Fue un niño obligado a inventar refugios donde esconderse, como escribe en este libro?

-Por encima de la lluvia es la novela en la que yo más me he despojado, sin caer en la pornografía. Lo saben quienes me conocen bien. Necesitaba explicarme por qué a partir de cierta edad el pasado es tan importante, porque empiezas a mirar más hacia atrás que hacia adelante...

-No es solo por la edad. Tengo la impresión de que los escritores son personas que miran atrás desde niños.

-Bueno, quizá sí, por circunstancias personales que me llevaron a buscarme la vida desde jovencito. Pero cuando tienes que buscarte la vida no puedes pensar en ella. Y de repente un día te das cuenta de que tienes carencias y te preguntas de dónde vienen... Por encima de la lluvia está llena de mí.

-«La víspera de casi todo» le dio el Nadal. ¿Qué supuso?

-Repercusión mediática, una influencia que no había previsto. Después de ganar el Nadal tuve mi momento de crisis...

-¿En la cima del éxito hay miedo al vacío?

-Bueno... yo he tenido momentos en que no me conocía. Esa repercusión me hizo sentir como un farsante en mi vida. Y eso me obligó a preguntarme por qué soy escritor, dónde estoy, qué quiero escribir.

-Fue seminarista, historiador y mosso d’Esquadra 20 años, pero siempre tuvo vocación de escritor.

-Sí, escritor he querido serlo siempre, pero sin renunciar a eso para lo que empecé a escribir, que es comprender un poco.

-¿Podría vivir sin escribir?

-Podría vivir sin publicar; sin escribir, no. Siempre me he expresado mejor a través de la palabra escrita.

-¿Una página en blanco vale lo que un diván de psicoanálisis?

-Yo siempre digo que la literatura no te va a salvar de nada, pero sí te va ayudar a sobrellevarlo todo.

-¿Cuánto escribe la intuición?

-Mucho. Un escritor es un artista y un artista crea mucho a través de la intuición. Después del Nadal, yo tuve una intuición, la de mi propia vejez, y nació Por encima de la lluvia. A mí siempre me ha preocupado vivir todas las vidas que llevo dentro, todas las vidas posibles. A veces nos falta coraje para dar un paso adelante, el paso para dejar de ser funcionario y ser el escritor que siempre hemos querido ser. ¡Da ese paso!

-Quizá es cuestión de tiempo. De conocerse mejor...

-Cuando eres joven tienes esa arrogancia que suele dar la ignorancia y, poco a poco, parece que te vas asustando de tus posibilidades y te vas echando cada vez más hacia atrás.

-«Un hombre es su pasión, la más íntima», escribe en esta novela.

-Claro. ¿Qué es ser si no?

-Su pasión literaria viene de la infancia, de todo el tiempo que pasó en la biblioteca, «viajando», cuando su madre iba a trabajar.

-Comprendí pronto que no encajaba en el mundo en el que me había tocado vivir, y tener la sensación de no encajar en el mundo te obliga a buscar salidas. La salida la encontré en la escritura. A veces no entiendo el mundo, pero cuando escribo me reconcilio un poco con él. Soy un enamorado de la literatura desde que era un crío. Los libros me han transformado.

-Advierte que estamos en una sociedad vieja que desprecia la vejez. ¿En qué mundo vivimos, cómo es?

-Vivimos en el siglo del hedonismo, de esa gran mentira que es la posverdad, un ejercicio de cinismo máximo que huye de las grandes verdades porque son incómodas y busca placebos. Mi visión de la vida y del arte es combatir esa idea superflua y banal de lo que es la cultura, la vida, los sentimientos y la palabra. Palabras que deberían ayudar a construir universos maravillosos acaban convirtiendo las utopías en distopías. Nos cuesta aceptar la vejez sin eufemismos, la escondemos, la disfrazamos... ¿Por qué? Porque nos incomoda. Se banalizan el sexo, el deseo, el amor y, sin embargo, esas mismas cosas trasladadas a la vejez nos incomodan, nos producen esa sensación puritana absurda... como si una persona a partir de cierta edad no pudiera tener deseo, pasión... El otro día un periodista me hizo reír al tirar del tópico y decirme: «Entonces, la de Miguel y Helena es la historia de dos soledades que se encuentran, ¿no?». ¿Por qué, por qué son viejos? No, esta es la historia de dos personas que se enamoran.

«POR ENCIMA DE LA LLUVIA»

AUTOR

VÍCTOR DEL ÁRBOL

EDITORIAL

DESTINO

PRECIO

512 PÁGS. 19,80 EUROS

Una historia sobre la memoria, y el deseo y el amor al final de la vida «Esta novela está llena de mí. Lo que más me asusta en la vida es no vivir, dejar el libro en blanco», asegura su autor.

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