Luis Piedrahita: «Puse un salido en vez de un saludo pero conseguí el trabajo»

Dice que no suele amputar las palabras cuando escribe. Teclea por WhatsApp con todas las letras pero, si tiene que elegir, prefiere ver textos mal escritos a que le manden notas de voz.

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Luis Piedrahita hace magia con las palabras, prueba de ello es que acaba de lanzar un libro, Cambiando muy poco algo pasa de estar bien escrito a estar mal escroto (Planeta), donde se saca de la chistera más de 200 nuevos términos que a pesar de que no habíamos escuchado nunca, nos sonarán muy familiares.

-Esto va de palabras… ¿Cuál es la que más usas?

-Intento usar todas las palabras que pueda, sin preferencias. Cuando uno empieza a transitar solo sus palabras favoritas el lenguaje suena manoseado.

-En el libro nos regalas más de 200 nuevas palabras que estábamos esperando para situaciones que no teníamos cómo describirlas.

-El reto de este libro no es inventar palabras sino rastrear situaciones reconocibles, que todos hayamos vivido, y que no tengan una palabra que les dé nombre.

-Por ejemplo...

-Cuando discutes con un compañero del trabajo, te dice algo y te quedas callado. Dos horas después, ya de camino a casa, se te ocurre la contestación perfecta. Urge una palabra que dé nombre a esa ocurrencia impuntual. ¿Cómo podemos llamar a esa respuesta brillante que se nos ocurre cuando el estímulo que la provocó ya se ha desvanecido? Yo propongo «Despuesta».

-¿Son situaciones que te han ido sucediendo a ti o que te han contado?

- Son situaciones que todos hemos vivido. ¿Quién no ha desayunado dos veces el mismo día? Pues ese segundo desayuno, ya no en ayunas, necesita un nombre nuevo o ¿quién no se ha bebido un vaso de agua muy fría a toda prisa y ha experimentado esa diadema de dolor tan intensa que te hace cerrar los ojos? O el ansia humana por atesorar botes de gel de hotel, el miedo de los padres de familia a que no haya luces encendidas en habitaciones vacías... todos esos significados huérfanos de significante están pidiendo a gritos una palabra que les dé nombre.

-¿Tú no eres de los que dices: «Me he quedado sin palabras» o «No sabría decirte»?

-Claro que sí. Precisamente de esos momentos sale este libro. Cada vez que no encuentro la palabra que dé nombre a lo que siento saco el boli, la libreta y escribo.

-Son más de 200 nuevos términos… vas a dejar sin trabajo a los miembros de la RAE. Ya podían llamarte...

-No creo. Este libro es para la risa. No tiene otra pretensión. Lo que sí es cierto es que está lleno de juegos de palabras. Es un homenaje a ese tipo de humor. Podríamos decir que es una discreta catedral dedicada al ludolenguaje.

- Te imaginas que estas palabras que ahora nos pueden resultar «raras» con el paso de los años y el uso acaben formando parte del diccionario como ha pasado con otras que ni imaginábamos que acabarían aceptadas.

- No he escrito el libro para eso, pero sería fantástico.

-En esta época del WhatsApp que tendemos a comernos letras, tú reivindicas la importancia de cada vocablo, pero confiesa, ¿eres de los que escribes «porque» o «xq» «para» o «xa»?

-No suelo amputar palabras cuando escribo. Suelo escribirlas con todas las letras. La gente te entiende, lo sé, pro m prce na flta d rspto.

-¿Te pone nervioso la gente que escribe mal por WhatsApp?

-Prefiero que escriban mal a que manden notas de voz. Eso sí que me crispa. Cuando alguien escribe, aunque lo haga mal, suele tener claro lo que quiere decir. Cuando alguien manda una nota de voz, pulsa el botón sin saber qué es lo que va a contar y empieza a dar vueltas como un tiovivo para no llegar a ningún lado.

-¿Alguna vez una palabra te ha jugado una mala pasada?

-Sí. La primera vez que mandé un currículum. Era una productora que buscaba guionistas. Yo quería terminar la carta poniendo «Un saludo» pero algún imprudente decidió que la «i» y la «u» estuvieran pegadas en el teclado. Firmé mi carta poniendo «un salido», en lugar de un saludo. «Un salido muy afectuoso». Me dieron el trabajo.

-De todas las que aparecen en el libro, ¿cuál crees que va a gustar más?

-«Lamparanoia», «almorranner» y «resayunar» son claras candidatas a formar parte del acervo cultural de nuestro país.

-Seguro que desde que acabaste el libro te han surgido nuevos términos que podrían haber estado incluidos. Dime uno.

-«Cablerinto»: es la maraña retorcida de cables que hay detrás de la tele, el DVD y el equipo de música. Esa incomprensible maraña que es el archienemigo de las madres.

-La palabra más bonita para ti es…

- Ojo con esa pregunta. ¿Hablamos de belleza acústica o semántica? Siempre que se hace un concurso las bases no lo aclaran. Si hablamos de su significado nos vamos a encontrar con una lista de tópicos predecibles como felicidad, amistad, gratitud, sonrisa, amor, etc... Si hablamos de cuál es la que más nos gusta pronunciar o escuchar, independientemente de su significado, entonces es más interesante. Ahí aparecen palabras como: chancro, esparadrapo, calamar, esmegma, liendre, sinagoga, berbiquí, triquinosis... Elegir una es injusto.

-¿Algo que te guste más que jugar con las palabras?

-Comer paella.

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