«Un quejío puede contar mucho»

Doblete gallego del trío que mejor representa la genuina esencia del underground: actitud retropunki y una música extraída en barreños de las entrañas del pantano

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Seguramente nada hay hoy en la música tan revolucionario como la involución. Desde su debut en el 2009 Guadalupe Plata no se ha movido un ápice en sus postulados en pro de la esencia más genuina del blues primitivo, «el cante jondo del blues», sin preocuparse en absoluto de las consecuencias que podría acarrear el llevar al extremo sus señas de identidad. No parecía tarea fácil pero no les ha ido nada mal. Ellos mismos se confiesan los primeros sorprendidos, tal y como confirma Paco Luis Martos (en el centro de la imagen).

-En esa reivindicación de la involución incluso defendéis tocar cada vez peor. «Ir a la esencia como los cuadros de Pollock», decís.

-Eso es. La música está llena de artificios, de escalas, de acordes y de virtuosismos. Pero la esencia, que es lo importante, se nos escapa entre los dedos. Lo de tocar mal lo decimos en el sentido de tocar lo justo... Bueno, y porque cuando tocas mal tienes mala sombra y expresas mejor la mala follá de las cosas, que también tiene que estar presente.

-Decís que el blues y el flamenco se asemejan porque salen de la misma parte del cuerpo. ¿De dónde salen?

-Del corazón y del estómago, que son los que mueven las cosas fundamentales de la vida.

-Buscáis que vuestro sonido sea «como un puñetazo en la barriga». ¿Creéis que hay demasiada pedantería en la música actual?

-Hay demasiados estereotipos y un afán por ser elitistas que nosotros no entendemos. Eso pasa también con las letras. Por eso las nuestras son casi anecdóticas. Porque a veces un quejío puede contar muchas más cosas que mucha literatura que hay escrita.

-Sin embargo de vosotros se ha escrito que es «blues adepto para indies». ¿Qué os parece?

-Sí que nos sorprende un poco que encajemos en este tipo de público pero, bueno, está bien. A mí personalmente la música indie no termina de gustarme. Le falta espontaneidad. Casi todo es más de lo mismo. Hace tiempo que no oigo un grupo que diga ¡qué bueno! Y creo que tengo criterio.

-En los festivales a los que vais, después de tocar ¿os aburrís mucho?

-Es que en la mayoría son los mismos grupos y ya los tenemos muy vistos. Así que la mayoría de las veces recogemos y cogemos la furgoneta.

-¿Y qué música escucháis ahí?

-Llevamos un tiempo que no ponemos música. Casi ni hablamos siquiera. Estamos un poco místicos. Lo que sí, Radio María no puede fallar. Es como un mantra que nos deja hipnotizados.

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