«Triunfar en bares es mucho más difícil que en teatros»

El cantante se encuentra descansando estos días en casa, «entre las playas de Pantín y Vilarrube, visitando a la familia, comiendo bien y preparándome para la gira que me llevará por toda España y a América», explica.

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Andrés Suárez sigue siendo aquel chaval de Ferrolterra que repartía su tiempo entre cabalgar olas en Pantín y tocar en el metro y los bares de Madrid. Con la única diferencia de que acaba de estar presentando por Sudamérica su último disco, Desde una ventana, editado por Sony, y que arranca en septiembre una gira por toda España en la que pisará los más destacados teatros de la península y actuará ante miles de personas que se saben al dedillo sus canciones. Pero él insiste en que sigue siendo el mismo y se esfuerza por demostrarlo a golpe de simpatía y honradez. Sabe que posee un futuro envidiable en esto de la música y por eso quizás no le cuesta reconocer errores del pasado. Tendremos que esperar hasta el 21 de octubre para verlo en A Coruña y al 15 de diciembre para escucharle en Vigo. A no ser que se dejen caer por Pantín estos días.

-¿Echa de menos el ambiente de los bares a la hora de tocar en un teatro?

-Siempre fui muy de bares, aunque cada vez menos. Ahora tiendo a componer más de día. Lo digo con orgullo, porque es la mejor escuela. En un teatro te aplauden cada tres minutos, al fin y al cabo han pagado por verte, pero en un bar tienes que convencer a todos esos que lo que quieren es tomar un copa y charlar con el de al lado. Tienes que ganarte a un público que puede darte la espalda. En esta gira voy a intentar encontrar ese equilibrio entre el rock and roll de un bar y el silencio de los teatros. La gira es con mi banda, el bandón, y no veas cómo sonamos en un teatro. Será un concierto íntimo y roquero a la vez.

-¿Roquero? Se supone que usted tiraba más hacia el rollo cantautor.

-En este país tendemos a confundirnos con eso, y ahora que acabo de llegar de Latinoamérica lo noto más que nunca. Allí entienden por cantautor a Iván Ferreiro, Robe Iniesta, Ed Sheeran, Damien Rice... Es decir, que no está reñido que un cantautor pueda hacerte pegar saltos de alegría en un pabellón de deportes. No tiene por qué ser un tipo amargado y deprimente con ganas de hacerte llorar. Eso quedó atrás. Lo que no quita que puedas utilizar en tus canciones la melancolía, el desamor y el dolor. Son temas que le sientan muy bien a las canciones. Pero a mi me gusta tanto cantar un tema como Rosa y Manuel, que habla del alzhéimer de mis abuelos, como Que levante la mano y hacer que el público se ponga a saltar.

-Le dedica una canción a Serrat en su nuevo disco.

-Es que se lo merecía porque se ha portado muy bien conmigo. Le llamé para preguntarle si querría subir a cantar conmigo en el Palacio de los Deportes de Madrid, dando por hecho que tendría cosas mejores que hacer. Pero me dijo que sí. Un tipo que es historia viva de la música universal ayudando a alguien como yo, que estoy empezando en esto. Eso te da una idea de cómo es Serrat.

-Y cuenta con la colaboración de Rozalén en uno de los temas.

-Es una voz prodigiosa, además de una amiga. Es curioso, porque nuestra relación se puso en entredicho en su momento. Fue una especie de rumor extraño que empezó a circular por ahí, que decía que estábamos enfadados. No sé de dónde salió, quizás de que nunca habíamos colaborado aunque estábamos en la misma discográfica. Pero es que hasta ahora no había surgido la oportunidad. Y al final colaboramos en este tema que se titula Desamiga, así que ha sido como rizar el rizo.

-¿Qué queda del Andrés Suárez de «Cuando vuelva la marea» en «Desde una ventana»?

-Personalmente, todo. Es más, creo que ahora soy más yo que nunca.

-Lo digo porque pasó de los bares a las grandes discográficas...

-Bueno, he tenido que morderme la lengua y pedir perdón. Reconozco que en ocasiones me comporté como un auténtico cretino, cuando hablaba mal de las grandes discográficas sin haber pisado una en la vida. Y al final tuve suerte, porque yo estaba en los bares, tocando Cuando vuelva la marea, y Simone Bosé, que en paz descanse, en los tiempos de EMI Music me venía a ver a esos bares y me quiso fichar para grabar Moraima. Y cuando entro en la discográfica me encuentro a un grupo de profesionales increíble que lo único que hacían era ayudarme y amplificar mi carrera, sin dictarme nada ni meterse en mi trabajo. Sentí mucha vergüenza de cuando echaba pestes sobre las discográficas en aquellas noches del Libertad 8. No tenía ni idea de lo que estaba diciendo. Era un época en que la noche estaba muy presente en mi vida, que no es que me arrepienta de aquella vida peligrosa. Pero ahora con Sony estoy muy feliz, aunque sigo siendo el mismo, sigo andando por Pantín pillando olas.

-Bonito gesto el de regalar dos copias del álbum por el precio de una.

-Es un modo de compartir la música, pero no en una pantalla. Yo soy un romántico que aún cree en el papel y el cartón, en el valor de los discos.

-Pero usted está muy metido en redes sociales...

-Gracias a las redes he llenado tres salas en México hace 15 días. Renegar de las redes sería un error. Pero eso no quita que me de pena que se dejen de lado objetos tan maravillosos como los discos o los libros.

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