En el 2011 consiguieron que por primera vez un disco cantado en catalán fuese el más vendido de España. Desde entonces eso ha vuelto a ocurrir en otras dos ocasiones. Pero Manel ya no es un fenómeno. Es la reconfortante constatación de que el pop se sobrepone a la barrera idiomática cuando se impone la elegancia y esa capacidad para destilar emociones en tres minutos que atesora el cuarteto barcelonés. Con su vocalista Guillem Gisbert charlamos en vísperas de su concierto en el Atardecer del Gaiás.
-¿Sois conscientes de las expectativas que genera el éxito de Manel en infinidad de grupos que cantan en lenguas minoritarias?
-¿Ah, sí? Me sorprende que nos hayamos convertido en un paradigma. Por una cuestión generacional a nosotros nos tocaba utilizar el catalán en la música sin complejos y sin ningún tipo de connotación política. Y hemos tenido la suerte de que, por alguna razón que aún desconozco, hemos trascendido las fronteras del idioma, algo que es realmente complicado.
-Puede que una de las claves esté en esa naturalidad de la que hablas, en desvincular la cuestión idiomática de otro tipo de connotaciones y en plantearla desde la modernidad.
-Es que no entiendo por qué a la hora de crear tiene que haber alguna diferencia entre hacerlo en Barcelona o en cualquier otra parte del mundo. Yo me he criado y he vivido en un entorno en el que la lengua era una realidad, no era un tema.
-Cuando actuáis fuera, ¿os habéis sentido de algún modo afectados por la creciente polarización o la tensión generada por el conflicto catalán?
-No, no hemos notado ninguna diferencia. De hecho en esta última gira ha sido la vez que más hemos tocado en Madrid. No creo que la gente que nos venía a ver en el 2008 y que entonces tenía sensibilidad para atender a un grupo que cantaba en catalán haya entrado en ese proceso de polarización. Eso está más en los medios que en las salas de conciertos.
-Se os presenta como un grupo de pop avanzado, pero ¿cuánto le debéis a la música tradicional?
-No me siento en deuda con la música tradicional catalana. Si algo de la canción popular se ha metido en lo que hacemos ha sido de forma inconsciente, porque nos corre por las venas, pero yo nunca he intentado apuntar hacia ahí.
-Este año habéis tocado en bastantes festivales. ¿Os gusta el formato?
-Hemos aprendido a hacerlos, porque la actitud que tienes que tener es totalmente distinta a la de un concierto en sala, y ahora nos lo pasamos bien. Es más corto e intenso y propicia muchos encuentros. Es un buen momento en la vida de un músico.
-Venís a Galicia a un concierto al atardecer, muy de moda últimamente. ¿Cómo os sentís en ese horario?
-El horario es cojonudo. En esta época del año en un escenario así es de lo mejor que te puedes encontrar. Entre eso y una sala a las doce de la noche está claro que prefiero el de tarde.