El cineasta francés Eric Vuiilar indaga los inicios del proceso de banalización de la historia del exterminio indio, que comenzó con los shows teatrales del circo de Buffalo Bill
05 feb 2016 . Actualizado a las 15:58 h.El cineasta, ensayista y escritor Éric Vuillard (Lyon, 1968) mantiene una cierta obsesión por desentrañar el turbio fenómeno del colonialismo, que, dice, no sin razones, que no se puede entender sin la violencia. Indagó la destrucción del imperio inca por las huestes de Pizarro en Conquistadores (2009) y el oscuro papel de los blancos en el corazón de África en Congo (2012), y ahora se ocupa de la aniquilación de las tribus norteamericanas en el proceso de gestación de EE. UU. Tristeza de la tierra. La otra historia de Buffalo Bill narra (o novela) cómo el espectáculo, ya en los orígenes, ha banalizado la historia de la conquista del oeste desde los mismos tiempos de la masacre, a finales del siglo XIX. Fue entonces cuando, tras dejar la caza de búfalos, Buffalo Bill vio un filón en recrear en píldoras narrativo-teatrales el exterminio de las tribus nativas y alumbró, demostrando visión empresarial, el Wild West Show, que divulgó y popularizó por América y Europa una versión edulcorada y heroica de lo que fue un auténtico genocidio, emulando el funcionamiento de la mejor propaganda. Antes de que el cine tomara el relevo con el wéstern, el proyecto de Buffalo Bill resultó muy eficaz, hasta tal punto de que contrató al gran jefe sioux Toro Sentado para mejorar la representación. Ironías de la historia, las víctimas contribuyeron al entierro final de la cultura de las padreras.