Basta de mentiras sobre el carbón

Jorge Luis Baíl PORTAVOZ ADJUNTO DE LA COMISIÓN DE ENERGÍA DEL CONGRESO

FIRMAS

07 nov 2017 . Actualizado a las 18:07 h.

La postura actual del Ministerio es favorable al carbón, pero sin mineros ni cuencas. Es decir, lo que le pide el oligopolio eléctrico. Nos han mentido durante décadas por los intereses de estas empresas, y hubiese sido ingenuo creer que perderían la costumbre a estas alturas.

La semana pasada, el Ministro de Energía Álvaro Nadal aprovechó una moción sobre la postura de España ante las negociaciones del paquete de directivas europeas para el desarrollo de las renovables y la eficiencia energética para intentar cargar los complejos y pecados que pesan sobre su partido en las espaldas de Unidos Podemos. Su partido y su ministerio filtraron a los medios de comunicación una versión tergiversada, afirmando falsamente que la moción instaba a «cerrar en 2020 las centrales térmicas de carbón, antes incluso de lo que pedía Bruselas», que al día siguiente Miguel Arias Cañete, también del PP pero Comisario Europeo de Energía y Clima, se encargó de desmentirlo en sede parlamentaria. Extraigo sólo dos frases lapidarias de su comparecencia: «Me gustaría comenzar afirmando que el compromiso de la Unión Europea de avanzar hacia una economía baja en emisiones de carbono y hacia la descarbonización total en un horizonte próximo es absoluto. Es un deber y no una simple opción y, además, es un compromiso que lleva informando la política energética europea desde hace más de una década». A esa década hay que sumar el tiempo que los gobiernos bipartidistas llevaban ya trabajando en las prioridades del oligopolio eléctrico.

Porque en definitiva la política es eso, una cuestión de prioridades. Hay quienes tenemos claro que la energía es una herramienta con la que, además de lograr satisfacer necesidades vitales, se puede proporcionar el empleo y la subsistencia para nuestros pueblos. Y hay para quienes la energía es un negocio a costa incluso de lo primero, poniendo vidas en juego y portadas sobre pobreza energética en un país con un 30% de sobrecapacidad instalada, gestionada por las empresas del sector que más ganan (y nos cobran) de Europa. Son los mismos que llevan décadas mintiendo para anudar el binomio minero-eléctrico mientras impulsaron la liberalización (y, por tanto, la globalización) del mercado eléctrico y de recursos energéticos. Son ellos quienes han echado el cierre a centrales y luego toman por idiota a la gente cuando salen a defender cualquier soberanía, también la energética. Pero el mayor problema que nos dejan es que cuando las mismas eléctricas reorientan su negocio hacia otras tecnologías por evidentes razones de mercado y una revolución imparable a nivel mundial, ese nudo ata nuestras cuencas al lastre que ellas consideran que deben dejar atrás.