«Soñé que era una estrella del rock»

El guitarrista de Siniestro Total lleva treinta años viviendo de la música


vigo / la voz

«No soy mucho de Vigo, soy más del Calvario, aquí empleamos la expresión ?bajar a Vigo?; somos de la República de Lavadores», bromea Javier Soto, guitarrista de Siniestro Total y, anteriormente, de Os Resentidos. Fue en ese barrio donde se fraguó uno de los episodios culturales más importantes de la ciudad en los últimos cuarenta años.

Soto estudiaba con Miguel Costas en la misma clase del Instituto de O Calvario a finales de los setenta -«Éramos los únicos que comprábamos Disco Express, la revista musical de la época»- y un curso más arriba estaba Julián Hernández. «Empecé en la música por mi hermano que era comprador de discos y tenía una guitarra, luego ya con Miguel empezamos a hacer el idiota y conocimos a Julián, que sí tenía estudios musicales; él nos enseñó mucho a los dos», recuerda Javier.

Sin embargo, los primeros contactos del guitarrista con la música fuero oníricos y claramente premonitorios: «Recuerdo que de chaval tuve un sueño en el que aparecía como una estrella del rock sobre un escenario, y ya ves, llevo treinta años ganándome la vida con esto».

El servicio militar obligatorio impidió a Javier Soto estar en la primera formación de Siniestro Total, aunque sí había estado en sus orígenes, El Sexteto de Blues, una formación en la que estaban Alberto Torrado, Miguel Costas y Julián Hernández. «Miguel libró por exceso de cupo e hicieron el grupo mientras yo estaba en la mili», recuerda el músico. A su regreso, empezó a trabajar de celador en la Seguridad Social, al tiempo que mataba el gusanillo musical con la primera formación de Os Resentidos y con Los Buzos, de Nicolás Pastoriza. «Al entrar en Siniestro Total fue cuando me lo tomé de forma profesional porque el grupo tenía una estructura, con agencia de contratación», afirma. Llegaron entonces los años al servicio de la industria discográfica, «un trabajo rutinario», que consistía en grabar un disco en invierno, publicarlo en la primavera y actuar en verano, contratados principalmente por los ayuntamientos. «Teníamos entonces la vida más fácil que ahora», explica Soto.

El músico opina que aquella época, en Vigo, era más aburrida que en la actualidad. «Hoy en día hay muchos lugares que programan actuaciones, pero entonces solo estaba el Satchmo y después abrieron Kremlin y El Manco», afirma. La comparación que hace Javier Soto entre aquel Vigo y el actual también se inclina hacia este último a la hora de valorar la calidad musical. «Entonces éramos cuatro músicos que teníamos siete grupos cada uno, y éramos muy malos, mientras que hoy son muchos y muy buenos».

Sin embargo, hoy en día, según el miembro de Siniestro Total, las emisoras no apoyan a los noveles, mientras que entonces el apoyo de Radio 3 podía significar la profesionalización de un grupo, que en el caso de Siniestro Total se ha prolongado durante treinta y tres años. «Si hubiésemos sido un grupo de muchas ventas probablemente hace tiempo que nos hubiésemos separado; creo que seguimos porque no somos capaces de hacer otra cosa e insistimos mucho», afirma Javier Soto, tratando de explicar la longevidad del grupo.

Y de fondo, en la vida de Javier Soto se mantiene ese mismo escenario, O Calvario. «Ha cambiado mucho, especialmente la parte peatonal que está bonita», señala, al tiempo que recuerda aquellas tardes de cine en el Palermo y Avenida. «Yo no iba tanto como Óscar Avendaño, que se pasa las tardes, pero sí iba; él es más joven que yo y le tocó la última época de estos cines, le tocó la época de las películas de chinos, mientras que a mí, la de Pili y Mili y cosas así», sonríe. De Vigo, poco más le interesa.

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