Retrospectiva de Granell en el centro de exposiciones Marcos Valcárcel
19 ene 2015 . Actualizado a las 04:00 h.«Lo único que sé es que pinto porque necesito hacerlo y pinto cualquier cosa que pase por mi cabeza, sin ningún tipo de orden ni consideración». Frida Kahlo.
El Edificio Simeón recoge una retrospectiva y variada colección de la obra del surrealista gallego Eugenio Granell, a través de la exposición que ha trasladado piezas, cuadros, construcciones y fotografías del genial artista, desde la fundación que lleva su nombre y se sitúa en el Pazo de Bendaña, en el corazón histórico de Santiago de Compostela, ciudad de la que es hijo adoptivo desde 1997.
La muestra presenta distintos estilos en el discurso artístico del creador, desde la primera etapa, mas heterogénea en los modelos iconográficos con múltiples referencias musicales que transportan a las abstracción, al surrealismo de Bretón y Miró y a Wilfredo Lam, al dadaísmo de Duchamp y al Picasso de los años 20, con cierta tendencia en lo figurativo a formaciones en las que el cuerpo desinflado e hipertrofiado se presenta mas voluminoso que la cabeza, angustioso y surrealista alargamiento expresivo del canon de las figuras, con estático dinamismo, trepidación o vibración. Figuras que simultanean frente y perfil y abren bocadillos como en el cómic, los primarios se presentan con violencia bajo el trazo que recorta la silueta con la línea de contorno y una presencia marcada por el dibujo sintético y explícito como diferenciador de los sexos. Horror vacui en los fondos, en las formas orgánicas y antropomorfas. Las «caras de indio» marca la irrupción en una segunda etapa dominada por los trazos étnicos que integra rasgos de distintas vanguardias, con mayor protagonismo del cubismo y la influencia de la máscara primitiva del arte íbero y africano y un totemismo comparable a los extraordinarios grabados de Mario Murua y la síntesis de las formas, con arraigada tendencia a la geometría en la construcción de la figura, que se recorta sobre fondos planos o neutros, con una gruesa línea de contorno que la contiene y perfila, seres articulados, automatismo y colores intensos de crecimiento celular y vegetativo. El artista evoluciona hacia formas de gradación tonal y construcciones orgánicas y seres híbridos, fantásticos, entomológicos, oníricos y máquinas. En esta etapa el artista aplica una técnica personal aplicando la pintura con pequeños empastes a modo de escamas, propia de los paisajes mágicos, con una sensación de cromoluminarismo y mosaico multicolor.
De su estancia en Nueva York su estilo aborda postulados abstractos con claro interés por el paisaje acuático. A partir de 1972 vuelve a la figuración con una caligrafía más ingenua e infantil, lúdica y cercana al pop y al cómic. Se advierte la monumentalidad de las figuras potenciadas por la ausencia de perspectiva en sencillas líneas de horizonte. Cabe destacar en este universo Granell, el descubrimiento del Pájaro Pí, elemento inspirador de libertad y de auto representación, y las fotografías en las que el artista puede verse acompañado por Bretón y Duchamp y las alusiones plásticas homenaje a su amistad con el General Caridad Pita, cuya lealtad y valentía al liberarlo de la muerte, pagó con su propia vida y a su compañera Amparo Segarra. Una muestra por la libertad imprescindible para asomarse al imaginativo mundo de las vanguardias artísticas, con las construcciones que remiten al ready made dadista de Duchamp con creaciones como: «La princesa de Éboli», en la que se descontextualiza el objeto cotidiano, privándole de su cualidad de ser útil, ensamblando distintos elementos que lo convierten en object trouve, objeto museable o artístico, resaltando los valores táctiles y la metáfora del arte contemporáneo a través del juego surrealista de lo encontrado, en composiciones autosuficientes de carácter eclético y sintético en la adición de sus componentes plásticos y conceptuales. La palabra pintada y la metamorfosis del cuerpo. Lo onírico e inconsciente se libera en las obras con connotaciones al erotismo y la muerte, a la violencia, la sinrazón de la guerra, la crueldad y al amor.
«El hombre que no puede visualizar un caballo al galope sobre un tomate, es un idiota». Bretón.
crítica de arte