227 buques que generan 2.600 empleos directos

La Voz

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Han pasado 54 años desde que el Lemos, el primer congelador del mundo, construido en un astillero de la ría, realizó su primera marea. Alijó en sus bodegas 240 toneladas de merluza que capturó en aguas del Atlántico suroeste. Vigo se convirtió un referente al que pronto empezaron a copiar en otras latitudes. Marcó durante décadas el camino pero en el últimos años competidores como Japón, China o Estados Unidos tomaron el testigo. La intención de los armadores es recuperar la posición de privilegio que tuvo Galicia en general y Vigo en particular en el concierto mundial en materia pesquera. Ya lo es en descargas de pescado para consumo humano, pero ahora quiere serlo en eficiencia y operatividad de su flota de gran altura.

Integrada por 227 arrastreros, de los que 185 pertenecen a sociedades mixtas. Suman una cifra de negocio que supera los 700 millones de euros y proporciona 2.600 empleos directos, tanto en tierra como a bordo. El presidente de la cooperativa de Armadores, Javier Touza, asegura que el proyecto Aralfutur va a tener un gran impacto en los puestos de trabajo, ya que uno de los objetivos de la iniciativa es mejorar la ergonomía de los diferentes puestos.

La última palabra a la hora de traspasar del papel y los prototipos a la realidad el proyecto la tendrán las empresas. Sus directivos tendrán que elegir entre mantener los actuales equipos, obsoletos en su mayoría, ya que las mejoras en barcos de 30 y hasta 40 años «no dejan de ser parches», o dar el salto y apostar por unidades modernas, más eficientes y competitivas. Los números indican que se impone la segunda opción, ya que en el último medio siglo la flota española ha pasado de realizar el 3 % de las capturas mundiales de pesca, a no sumar más del 1 %. Los armadores creen que ha llegado el momento de poner en valor el conocimiento y la experiencia de las empresas gallegas.

Un plus de esta renovación de flota que se persigue, plan para el que tendrán que contar con el respaldo de Bruselas, es que puede ayudar a recuperar el pulso de la construcción naval en la ría, que está viviendo uno de sus momentos más bajos.