La ciudad de los carriles secuestrados

e. eiroa / x. gago A CORUÑA / LA VOZ

FIRMAS

MARCOS MÍGUEZ

A Coruña pierde decenas de viales cada día por los hábitos de los conductores

25 nov 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

¿Quién no ha escuchado alguna vez que solo es un momentito? Es más, ¿quién no lo ha dicho? Los momentitos son los reyes de la doble fila en la ciudad, esos por los que muchos conductores de los que aparcan bien pierden los nervios y la paciencia y llegan tarde a donde tengan que llegar, porque otro con más cara le dejó el coche bloqueado. Ese es uno de los dramas de la doble fila, pero hay otro que no afecta solo a quienes les coincide el «doblefilista», sino a todos los conductores, son esos sitios en los que aparcar mal se ha convertido en una tradición, esos lugares en los que, cuanto más se ensanchan las vías, más capas de turismos mal aparcados se cuentan.

Lo sabe bien, por ejemplo, quien circula por la ronda de Outeiro. Muy pocos conductores osan a meterse por los viales más cercanos a las aceras, porque hay determinados puntos en los que ese tercer carril se ha convertido en un aparcamiento. Lógicamente, los otros dos se llenan y aparecen unas caravanas perfectamente prescindibles.

Por el centro

Tres carriles hay, por ejemplo, en la calle Payo Gómez, a la salida del túnel de la plaza de Lugo. Eso sí, el izquierdo solo se usa para aparcar y, a veces, el derecho también. No es necesario hablar de la plaza de Lugo, un espacio tupido por conductores del momentito que convierten en una agonía circular por allí. Más retenciones y más tiempo esperando en el semáforo.

¿Y meterse desde Linares Rivas hacia allí? La calle Picavia ha recibido el mismo tratamiento para desesperación de los que se quedan cruzados en pleno Linares Rivas esperando a que se disuelva un tapón que se prolonga incluso por la propia entrada del túnel en el que hay, por cierto, un aparcamiento donde se puede dejar el coche sin molestar a nadie.

Circular por Ramón y Cajal responde a los mismos criterios absurdos. Los viales externos son una trampa para quien se meta por ellos con buena intención. Lo normal es que el de delante acabe frenando y poniendo las luces de emergencia, como si se pudiera considerar una urgencia parar a tomarse un chocolate con churros en alguno de los famosos establecimientos de esa calle.

En Fernández Latorre el drama se vincula -más justificado- a una farmacia, pero en general no hay nunca motivos acuciantes. Alcalde Marchesi es también un tormento en hora punta. Y la avenida de Arteixo y tantas otras calles donde los conductores se han acostumbrado a secuestrar carriles. No solo las obras colapsan la ciudad. El momentito también hace lo suyo.