Navegando entre dos aguas

m. v. f. vigo / la voz

FIRMAS

Oscar Vazquez

Álvaro Prieto compagina el atletismo con su trabajo diario en el mar, dos actividades que le encantan y entre las que ve similitudes, pero que no siempre son fáciles de compatibilizar

07 jul 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuenta Álvaro Prieto que el atletismo y el trabajo en el mar son, pese a lo antagónicos que puedan parecer desde fuera, «muy similares». Él divide su tiempo entre ambos desde que hace dos años empezó a ganarse la vida como marinero. Uno es trabajo y el otro una pasión en la que se inició hace casi tres lustros.

«Soy una persona competitiva y esa competitividad la encuentro en las dos cosas», explica el cangués. Y añade que «como corriendo, en el mar también compites con otros barcos para pescar más que ellos y llegar antes a puerto. Estás siempre corriendo, porque según donde largues las nasas, hay sitios mejores para pescar y siempre tratas de anticiparte», compara el atleta.

Prieto se levanta de lunes a viernes alrededor de las cuatro de la madrugada para comenzar una jornada que no tiene hora preestablecida de fin. «El mar no tiene horarios. Hasta que acabas todas las nasas y te vas a la lonja a vender el pescado, no vuelves a casa. Eso un día excepcional puede ser a las tres, pero muchos otros es a las seis», relata. Con independencia de ello, su entrenamiento diario está fijado a las ocho. «Duermo antes lo que me dé tiempo: media hora, una o dos si termino pronto, pero después toca ir a correr. Tengo planificada así la semana con mi entrenador».

El atleta trabajaba previamente como electricista en el ámbito de la construcción. El mar fue la alternativa cuando la empresa donde estaba quebró debido a la crisis del sector y se vio en el paro de la noche a la mañana. «Fue hace dos años. Un amigo trabajaba en un barco con su padre y, al jubilarse este, me propuso ir con él y acepté».

Al atletismo también llegó sin haberlo planeado y después de haber practicado fútbol desde niño. «Siempre había estado federado. Cuando acabé el Bachillerato cursé un ciclo de técnico superior de actividades físicas y las prácticas las hice en el Vila de Cangas». Entonces, en el año 2000, empezó a salir a correr con los niños del club. «Vi que se me daba bien y que quedé en el atletismo», recuerda.

Su vida laboral actual, admite, le pone las cosas bastante más complicadas que antes a la hora de compaginar ambas actividades. «Me cuesta mucho acostarme temprano, por lo que descanso muy poco por la noche, apenas duermo», dice. A esto hay que sumar que realiza un trabajo muy físico. «Ha habido algunos días en los que estaba tan cansado que no podía completar todas las partes de la sesión», señala. Sin ir más lejos, le sucedió hace una semana. «Llevábamos un mes parados por la veda, un tiempo que dedicamos a preparar los aparejos y demás. El lunes empezamos de nuevo y me fue imposible, porque venía de tener el cuerpo acostumbrado a otros horarios y necesitaba volver a coger el ritmo».

Frente a los inconvenientes, destaca también un lado muy positivo de compaginar el mar y el deporte. «En la construcción tenía mucho estrés. Ahora mismo, estoy cansadísimo físicamente, pero ese estrés de antes no lo sufro». Y, de padecerlo, el atletismo sería la vía de escape ideal. «El deporte siempre es un desestresante, salir a correr es una manera de evadirte y de olvidar todo lo que te haya pasado en el resto del día».

Reconoce que el atletismo es «un deporte agónico», algo en lo que también encuentra parecido con su actividad laboral. «El mar es muy cambiante. Ya no se trata solo del trabajo que tú tengas que desarrollar, sino de las condiciones que te encuentres a la hora de realizarlo: que esté lloviendo, que haga frío, el oleaje, que puedas en un momento dado marearte...».

Esa inestabilidad también la presenta la disciplina deportiva que practica, donde «ser profesional hoy es prácticamente imposible». «Tienes que ser un fuera de serie y yo me defiendo, tanto en popular como en federado», comenta. Ante esa situación, la gente que le conoce sobre la pista no se extraña de que tenga un empleo aparte, pero sí de la naturaleza del mismo. «Sí que les choca, pero de esto solo pueden vivir unos pocos».

Prieto asegura que ni siquiera el agotamiento que vive a veces le ha llevado a plantearse poner fin a su carrera deportiva. «Esto tiene que gustarte mucho y es mi caso. Si eso cambia, igual lo dejo, pero seguro que me buscaría otro deporte. Mientras el cuerpo aguante, claro», asegura entre risas. Sí reconoce que lo vive de una manera diferente a tiempo atrás. «Hubo un momento en que podía dedicarle más horas y ahora sé que el trabajo no me deja rendir al máximo que podría dar. Tengo que adaptarme, porque el atletismo es un deporte que requiere constancia».

El atleta es incapaz de recordar un día sin trabajo ni entrenamiento. «De entrenar descanso un día cada cuatro semanas y no sábado o domingo, que es cuanto compito o aprovecho para hacer sesiones más fuertes».