El santiagués repasa su carrera y los obstáculos que encontró en el camino
29 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Alfonso Zarauza (Santiago, 1973) cumple este año dos décadas en el cine. El director compostelano es hoy un referente en la creación audiovisual gallega con seis cortos, tres largos y varios documentales y series para televisión.
-¿Cómo recuerda ese primer corto?
-Se titulaba Hay que joderse y este año se cumplen veinte años desde que salió. Se rodó en diciembre de 1994. Lo escribimos y codirigimos Pablo Iglesias y yo. Era un corto muy ingenuo. Sucedía por algunas zonas de Santiago y contaba la historia de un chico que pasaba la noche por ahí y le pasaban una serie de cosas. Participaron Luis Tosar, Óscar Durán, Alber Ponte y María Rey.
-Su carrera estuvo vinculada desde el principio a la de Tosar...
-Sí. A partir de ese primer corto hice otros dos con él, además de mis tres largometrajes. En 1994 todavía no era famoso. Él era un actor que acababa de llegar de Lugo y andaba por aquí. Me llevaba muy bien con él y empezamos a trabajar juntos. Unos años después se convirtió en una bestia de la interpretación, pero entonces nunca nos imaginábamos que iba a llegar tan alto... ¡aunque ya se le veían maneras al niño!
-Desde sus primeros cortos contó con repartos de primera, ¡debe ser un gran vendedor de ideas!
-Un poquito sí. Lo del reparto es importante para tener visibilidad con la peli, pero últimamente también me interesa trabajar con actores más desconocidos, incluso con personas que no son actores. Yo creo que todo es interesante. Depende cómo lo enfoques y para qué, aunque está claro que con grandes repartos tienes más visibilidad y siempre es más fácil el trabajo.
-Al principio sería más complicado, siendo un desconocido, acceder a este tipo de actores...
-Era complicado, pero también era un mundo más amateur. De aquella no estaba tan profesionalizado en Galicia esto, porque todavía no existía el audiovisual gallego. A Pablito y a mí nos empezaron a llamar Os Dous de Sempre, porque íbamos por los bares de Santiago, por el Atlántico y otros de la zona vieja, donde había actores de teatro buscando gente para nuestros proyectos.
-Sin embargo iba para hombre de leyes...
-Es cierto. Me puse a estudiar Derecho y cuando empecé a hacer cortos lo dejé. No me interesaba nada... me metí porque mi padre que me daba el coñazo para que hiciera esa carrera. Yo no tenía ninguna vocación clara, salvo el cine, y de aquella tampoco había Comunicación Audiovisual y escuelas de cine en Galicia.
-¿Empezó, entonces, de forma totalmente autodidacta?
-Así es. Los dos primeros cortos los hicimos Pablito y yo de forma totalmente autodidacta. Sin haber estudiado nada de cine nos lanzamos a hacerlos. Los sacamos adelante pidiendo favores, pidiendo cámaras y libros y viendo películas. De hecho, empecé a estudiar en la Escuela de Imagen y Sonido en el año 1996, cuando ya había hecho estos dos cortos.
-¿Cuáles eran las limitaciones entonces para un autor de Santiago que estaba empezando?
-Primero, que no había prácticamente nada. Ahora con la digitalización de los medios se ha democratizado todo. De aquella todo era muy caro: los materiales, las cámaras... Y hacer un corto en vídeo era muy complicado. Además los primeros cortos que hice, salvo ¡Aproba! y A danza de Katiuska, están rodados en cine.
-¿Y cómo se las ingeniaba para sufragar estos gastos?
-Para el primer trabajo, por ejemplo, vendimos una especie de acciones del corto por mil pesetas a nuestros amigos y familiares. Nosotros, a cambio, le dábamos el guion y un VHS cuando estuviese terminada la película... una cosa un poco loca, ¡pero funcionó! Había que ingeniárselas porque no había subvenciones de la Xunta a cortos ni las ayudas que hay ahora. Y el siguiente corto, ¡Aproba!, fue financiado por el quinto centenario de la Universidade de Santiago y se rodó en la USC. Para el tercero conseguí un patrocinio del centro comercial Los Rosales a cambio de que yo les organizase una semana de cine. Cada corto era una aventura y mi manera de financiarlos fue bastante peculiar.
-¿Sigue siendo hoy la financiación el principal obstáculo para la creación cineasta?
-Sí, al menos la más evidente. Yo creo que toda esta experiencia cuando empezaba me ayudó a hacer callo y seguir reinventando. Es cierto que ahora hay ayudas de la Administración. Son pequeñas y dan para muy poco, pero menos es nada.
-¿Cómo definiría este camino de casi 20 años?
-Fue muy complejo todo. Sacar cada proyecto adelante es muy difícil. Sufres mucho, pero al mismo tiempo es maravilloso. Pasas un montón de aventuras y desventuras pero, al final, vale la pena el proceso y el resultado. Es un oficio muy bonito, por lo intenso y diverso que es, la cantidad de gente creativa e interesante con la que tratas, lo que viajas... Al fin y al cabo se trata de contar historias, que es lo que siempre me ha gustado y lo que siempre me gustará.
-Son muchos los premios y reconocimientos que ha recibido, ¿cuál fue el más especial?
-Los premios siempre ayudan y son un reconocimiento a tu trabajo, pero no les doy más importancia. Mi mayor premio es poder seguir haciendo cine después de veinte años.
«Cuando empecé a trabajar con Luis Tosar todavía no era famoso, pero ya tenía maneras»
«La financiación sigue siendo el obstáculo más evidente para la creación cineasta»