Las gentes del mar se turnan en los arenales para reforzar la lucha contra el furtivismo
24 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Verano, sol, playas y miles de turistas en los arenales del fondo de la ría de Pontevedra son el escenario perfecto para que los furtivos se cuelen entre la gente e intenten aprovechar la coyuntura para llevarse cubos y cubos de almeja fina y japónica -apenas hay berberecho este año en los bancos-. Con menos vigilantes oficiales en los turnos como consecuencia de un ERE en la cofradía de San Telmo, los pósitos han tenido que reforzar su sistema para detectar la acción de furtivos y de bañistas que no respeten la integridad de los bancos marisqueros. Está en juego el pan de sus familias y los afectados no están dispuestos a que se lo quiten de las manos.
Desde el pasado viernes y hasta el final del verano, los mariscadores de la ría de Pontevedra, como otros muchos de Galicia, participarán en los servicios de vigilancia, trabajando por turnos en las playas y asegurándose de que nadie causa destrozos en sus principales áreas de bivalvos.
En la playa de Cabeceira, junto al banco de O Ameixal, en Poio, Carmen Lubián, mariscadora, explica que lleva tres o cuatro años haciendo turnos de vigilancia en los arenales. Están dos mariscadores en Cabeceira, otros dos en el entorno de los restaurantes de Lourido y otros cuatro en las playas de Combarro. Desde estos puntos tienen controlados, más o menos, todas las áreas de especial interés marisquero del ámbito de su cofradía. «Estamos aquí dando apoio aos vixiantes, porque neste tempo de verán hai xente que intenta levar ameixa para a casa ou para vender», relata.
Y es que hay gente muy pilla. Hay quien manda a los niños, que dejan de usar el cubo y la pala para hacer castillos y en su lugar los convierten en predadores de marisco. Escudados en los pequeños, hacen como si no supiesen que está prohibido extraer bivalvos de la arena.
Esta situación es la que cuenta Javier Carballa, que hace el mismo turno que Lubián. «A xente o sabe, pero non respecta a prohibición, e temos que dicirlle que non se pode coller ameixa».
Los bañistas suelen aceptar las indicaciones de los mariscadores y los moluscos regresan al mar, donde los depositan las personas encargadas de los turnos. Si alguien no hace caso o se pone violento, entonces se llama a los vigilantes del servicio de la cofradía o a la Guardia Civil para que ponga orden.
Carballa defiende la necesidad de poner coto al furtivismo, tanto al profesional como al ocasional de los turistas. «O marisco nos fai falla a nós, hai moitos gastos, e temos que vixiar para que ninguén nos roube o que é noso». Es la opinión de todos los integrantes de las cofradías, que se ven obligados a inspeccionar sus arenales para garantizar que cuando sean los días en que les toque trabajar, puedan encontrar qué coger para venderlo después en la lonja de Campelo.