Pese a la prohibición oficial, en solo tres días se han contabilizado 139 fuegos para eliminar rastrojos, con el riesgo que esta actividad implica para la comunidad
15 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Corría el mes de diciembre del 2013 y, haciendo una previsión de penas y alegrías medioambientales para este año, apuntábamos algunos lugares donde, seguro, se producirían incendios forestales en nuestro entorno. Pronóstico clavado al 50 % y la fiesta apenas acaba de empezar. No se trataba de clarividencia, sino de simple revisión estadística. Parece ser que la Xunta, solo 30 años después de iniciarse la pandemia incendiaria, decide dar un vistazo a sus propias estadísticas y llegan a la misma conclusión.
Existen concellos donde el mal es endémico y deben ser esos los lugares donde se extremen las medidas de prevención y vigilancia y de operativos de extinción. Como siempre nos acordamos de santa Bárbara cuando truena, y ya es tarde para las políticas preventivas, como siempre desde hace 30 años, con los recortes de rigor arderá sobre quemado, otra vez.
Por si no resultara evidente con el calor que está cayendo, la Xunta acaba de iniciar formalmente la temporada de incendios, es decir, la temporada de mayor despliegue material y humano para su prevención y extinción. Como suele suceder, se llega tarde y con las decisiones de los despachos un par de pasos más atrás de la climatología. Y una cosa es cuando se declaran las cosas y otra, diferente, cuando realmente se despliegan los medios. Oficialmente desde el domingo 1 de junio las quemas de podas, restos agrícolas y forestales están absolutamente prohibidas, y por si la normativa y el sentido común no fuera suficiente, esa prohibición resulta más evidente en días de calor extremo como los de esta semana. Lo curioso es asomarse a un lugar elevado y contabilizar, solamente en el entorno del área periurbana de Vigo y los concellos limítrofes que rodean la ría entre Redondela y Cangas, la cantidad de quemas, teóricamente prohibidas, que se producían estos días. Concretamente, prismáticos en mano, contabilizamos 57 focos el miércoles, 39 el jueves y 43 el viernes. Es decir, solamente en el entorno directo de la ría de Vigo se producían, en apenas tres días de alerta máxima de incendios, 139 quemas ilegales.
Torretas que todo lo ven
Entre las causas de incendios no naturales, directamente relacionadas con las actuaciones humanas, están sin duda los provocados deliberadamente. Son muchas las causas e intereses, pero también las negligencias que, como en el caso de las quemas que se desbocan, suponen miles de hectáreas incendiadas anualmente, con la consiguiente pérdida de biodiversidad vegetal y animal e incluso vidas humanas.
A lo largo de estos días empezarán a activarse, para prevenir en la medida de lo posible el riesgo de incendios y actuar velozmente cuando se produzcan, las torres de vigilancia de incendios. Podemos pensar que el lugar más adecuado para vigilar incendios, y lanzar una alerta inmediata cuando se inician, pues la respuesta rápida suele ser determinante para su extinción, son los puntos más altos, pero es una percepción engañosa. Lo realmente importante no es la altura sino la extensión de territorio que se puede cubrir desde el punto de observación. En el caso de Vigo, y en general de todo el sur de Pontevedra, contamos con una triangulación de torres de vigilancia de incendios, en las que unas cubren las zonas de sombra, es decir, accidentes geográficos que ocultan la visión de otras. Nuestro principal ángel de la guardia antiincendios es la torre de O Morrazo, en lo alto de Cotorredondo, desde donde se domina una espectacular visión que abarca desde la Serra do Suído, en Ourense, hasta la Serra da Estrela, en Portugal, y A Curota, en Coruña. Efectivamente, casi toda la provincia de Pontevedra de un vistazo, y vale la pena visitar ese privilegiado mirador al que, durante la temporada de vigilancia de incendios se puede acceder hasta su cuarto piso.
Es uno de los pocos lugares desde donde podemos contemplar tres rías (Vigo, Pontevedra y Arousa), pero la torre de Cotorredondo tiene zonas de sombra. Por ejemplo, el monte de Domaio impide que desde allí se vea gran parte del término municipal de Vigo. Para eso los dos ángulos restantes para triangular nuestro entorno inmediato se complementan con la torre del Galiñeiro y con otro punto de observación privilegiado, las Cíes.