El histórico local fue desde corresponsalía bancaria hasta ferretería
11 may 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Pocos negocios hay con tanta historia en Barbanza. Basta con echar un vistazo a las fotos antiguas que todavía se conservan de la armería Romaní para constatar que entre sus cuatro paredes se respira el aroma de los recuerdos. Aunque no hay ningún documento que lo demuestre, cuenta la sabiduría popular que la tienda abrió sus puertas allá por el año 1904, que se dice pronto. Más de cien años han pasado desde que el bisabuelo de Rodrigo Romaní, el actual responsable, se puso detrás del mostrador por primera vez. Con todo, no siempre se vendieron útiles de caza en el local, ya que comenzó siendo una corresponsalía bancaria y después una ferretería que suministraba material a las minas de San Finx. «Fue mi abuelo el que se encargó de activar el negocio actual», asegura Romaní.
Se empezaron a fabricar ropas de agua para pesca industrial y para minería. El secreto para llevar tantos años atendiendo a los barbanzanos lo tiene claro el dueño: «Hay que tener mucha paciencia, también en los tiempos más difíciles. Vamos aguantando el negocio y tenemos la suerte de tener una clientela fiel desde hace años».
De generación en generación, los hombres de esta familia fueron aprendiendo los intríngulis del oficio, aunque por el momento es un misterio saber si la armería seguirá abierta cien años más: «Mi hija todavía es muy pequeña y ya veremos si en el futuro quiere llevar las riendas del negocio», añade Romaní.
Reliquias en la decoración
Aunque el establecimiento ya se ha sometido a alguna que otra reforma, todavía conserva el encanto de otras épocas. Muchas reliquias se reparten por las instalaciones, como el mostrador original tras el que se comenzó a atender a los noieses en la rúa Cantón. No hay un solo vecino que no conozca esta tienda, que ha sabido luchar contra viento y marea en tiempos difíciles.