Turismo con sabor a zamburiña

raquel iglesias RIBEIRA / LA VOZ

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monica ferreiros

La Ruta Conservera nace como un antídoto a la crisis, para ofrecer al visitante una alternativa al sol y a la playa desde Ortegal hasta Barbanza

12 abr 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Las sardinas no se empapan en aceite y se acuestan en la lata como por arte de magia. Los intríngulis del trabajo en las conserveras de Galicia deben mostrarse al mundo y con esta premisa nace una ruta que recorrerá A Coruña de cabo a rabo, sin olvidarse de localidades en las que no se respira el olor a salitre. Desde Ortegal hasta Barbanza, pasando por Santiago y sin dejar atrás las maravillas de la Costa da Morte, se ha creado un itinerario en el que la industria saca pecho. No en vano, estas empresas que hacen del bocadillo de ventresca mucho más que una merienda, concentran en Galicia el 80 % de los trabajadores del sector en toda España, que se dice pronto.

Un pequeño aperitivo de lo que será la Ruta Conservera -una iniciativa por la que ha apostado la Diputación de A Coruña- ya pudo saborearse en la comarca barbanzana, que fue el punto de partida de un recorrido en el que autoridades e invitados no fueron capaces de quitar ojo a las zamburiñas, berberechos y otros manjares que se preparan con mimo. La conservera Luis Escurís Batalla, emplazada en la villa marinera de A Pobra do Caramiñal, abrió sus puertas a los primeros visitantes de esta ruta que se presenta como una alternativa al turismo tradicional de sol y playa, más aún cuando en Galicia el buen tiempo se vuelve con frecuencia un espejismo.

Y así, con la boca abierta, los visitantes conocieron de cerca el proceso de ahumado del pescado, además de los análisis que se realizan en el laboratorio y cada uno de los pasos que se dan para que el marisco llegue a la lata sin perder ese sabor tan gallego. La sabiduría de tres generaciones de conserveros sorprendió a la mayoría, sobre todo a quienes para ver el mar tienen que cruzar montañas, o el túnel de A Cañiza.