Compañeros en la escuela, se han convertido en estandartes de la base
08 abr 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Ella viste la camiseta del Ensino, en la Liga Femenina 2. Y él fue el autor del gol número 100 del Lugo en Segunda. Rocío Varela y Iago Díaz se han hecho un hueco en el deporte de élite de la ciudad lucense. Y presentan un pasado común. Nacidos en 1993, fueron compañeros de colegio. Y también de vestuario, en el Adarve, un equipo de fútbol del que guardan muy buenos recuerdos.
A Rocío le gustaba el fútbol y, durante los recreos, se convertía en rival de Iago en el colegio Rosalía de Castro. «Casi siempre nos ganaban, porque también tenían un buen portero, Javi Liz, que ahora milita en la Residencia», recuerda la jugadora del Ensino. También esboza pinceladas sobre el futbolista del Lugo: «Marcaba diferencias. No sabía que hacer con él... Empujarlo, tirarlo... otra cosa no se podía». «Algún viaje sí que me metió», rememora él.
Pero, de la rivalidad del patio del colegio pasaron a compartir vestuario en el Adarve, un conjunto en el que también militaba Diego Núñez, cierre del Azkar. «Creo que lo habíamos ganado todo con aquel equipo. Guardo muy buen recuerdo. Había más amistad y menos tensión que ahora», comenta el jugador del Lugo.
Rocío, que actuaba como central, reconoce que disfrutaba «entrenando y viéndoles marcar goles como churros». «Tengo la foto del equipo en la habituación. Entonces les sacaba una cabeza de altura a todos. Y ver dónde están ahora... Voy a ver el Lugo de vez en cuando y siempre estoy deseando que salga Iago para animarle», agrega.
El futbolista también conserva una buena imagen de Rocío: «Desde pequeña, jugaba con nosotros y nos sorprendía. Tenía instinto competitivo». Iago y Rocío también compartieron vestuario en el equipo de fútbol sala de su colegio, con el que ganaron el Trofeo Liceo. Una modalidad que compaginó con el balompié. Hasta que tuvo que decantarse. «Cuando era infantil de primer año, jugaba en el Azkar. Una vez, me coincidieron los dos partidos y no fui con ellos. Perdieron y me hicieron elegir». Entonces, se ganó para la causa un extremo. Antes de consolidarse como jugador de flancos, Iago actuaba como delantero centro. «Hasta que una vez fui con la selección gallega y el entrenador me puso en la banda», relata el futbolista del Lugo.
Rocío también sacó enseñanzas de su corta etapa como futbolista: «Dicen que ellos ven mejor los espacios. No sé si me quedó algo de eso...». A la hora de valorar su irrupción en los primeros equipos de su ciudad, coinciden que, tal vez, la crisis ha marcado el presente. Pero también realizan autocrítica. «Cuando había dinero, tal vez también valía la pena apostar por la base. Seguro que se desperdiciaron muchos jugadores», sostiene Iago.
Ambos son aficionados a practicar el fútbol en los videojuegos. Iago incluso invita a Rocío a una de las masivas partidas que se realiza la plantilla el Lugo. «Cuando viajamos a Jaén, montamos una consola y una televisión en el autobús. Hicimos ocho parejas y, al llegar a destino, nos quedamos quince minutos allí... no nos dio tiempo a acabar el campeonato», narra Iago. Formaba pareja con Rennella. Rocío no ve claro el sumarse a los duelos virtuales con los rojiblancos: «Creo que sería peor que al fútbol de verdad».