Santiago dobló en habitantes a A Coruña y sextuplicó los de Vigo
19 mar 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Andrés Rosende investigó la historia urbana de Santiago de 1780 a 1907 y lo ha recogido en un libro editado por el Consorcio y presentado ayer en el Museo das Peregrinacións, que da continuidad al período 1595-1780 analizado en una obra anterior.
-Hubo que cambiar de chip respecto al Santiago de 1595 a 1780...
-Sí, sobre todo porque en el anterior trabajo, en el Santiago del antiguo régimen, me había detenido en las plazas, murallas y red viaria. Las grandes plazas ya han dicho todo lo que tenían que decir y las murallas a finales del XVIII son más recuerdo que realidad. El nuevo discurso sí se concentra en las calles.
-Un elemento de primer orden.
-Es así porque la calle conforma la estructura, la armazón de la ciudad, la que nos permite comunicarnos en ella, la que organiza las edificaciones. Es el ADN de la ciudad.
-¿Y la «monumentalización» de la ciudad?
-Se da en el período barroco, pero en el siglo XIX hubo un proceso de monumentalización y de petrificación. Santiago es una montaña de piedra construida. El siglo XIX contribuyó a la petrificación definitiva de la ciudad.
-Hubo proyectos de urbanización que se han quedado en el aire.
-Nacieron en la cabeza de algún arquitecto o de algún concejal, como aquella gran vía norte-sur de la ciudad que pretendió comunicar Hórreo y San Roque o aquel que pretendía enlazar la Zapatería Vella (Cardenal Payá) con el Pombal atravesando las rúas do Vilar, Nova y Franco arrasando todo lo que encontraba a su paso.
-Pues menos mal que se han quedado en el tintero.
-(Risas).
-Santiago tuvo el doble de población que A Coruña y seis veces más que Vigo. Cualquiera lo diría por la evolución habida.
-Han intervenido distintas causas históricas. Santiago era una ciudad dominada por la Iglesia, y esa forma de vivir desaparece porque la Iglesia compostelana era conservadora desde siempre, jugó la carta del antiliberalismo y la ciudad perdió sus poderes. Se notó especialmente la pérdida del poder económico. Santiago no fue capaz de convertirse en centro burocrático administrativo y quedó relegada en ese aspecto frente a una Coruña mimada por los liberales y con una burguesía más emprendedora.
-El conservadurismo no fue, pues, un factor favorable.
-No, claro. La Iglesia que dominó todo el cotarro se atrincheró en el conservadurismo y lo pagó. Y de qué manera. Pero la Iglesia aprendió a digerir la situación y a alcanzar la mayoría de edad para beneficio de la ciudad.
-La ciudad se higienizó y prosperó en el siglo XIX.
-El siglo XIX fue fundamental en ese sentido. Llega la regularización de ciertos aspectos, la higiene, la iluminación. Es una ciudad más animada a través del teatro, el casino (es la primera ciudad con un casino), cafés y otros organismos recreativos. La vida se hace más esperanzadora, se reemplaza la arquitectura doméstica por una arquitectura con más resistencia, es más monumental. Y se cimenta la salubridad urbana.
-¿La ciudad actual se configura ahí?
-La ciudad actual le debe mucho al siglo XIX.
Rosende resalta que el culto y el estudiante son ejes históricos de la vida de la ciudad que al final del siglo XIX permiten encarar el futuro de Compostela.
Andrés Rosende Valdés catedrático y autor de «Compostela 1790-1907»
«La Iglesia se atrincheró en el conservadurismo y lo pagó ella y la ciudad»