Las sucesivas ciclogénesis acabaron al menos con un centenar de araos
23 feb 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Nuestra percepción es fundamentalmente visual, por eso antes de leer los titulares nos fijamos en la imagen que los acompaña. La semana pasada esta página se ilustraba con un valiente arao de los que se internaban en la ría para refugiarse de los temporales. Seguramente no es el mismo, pero la imagen de hoy resume el concepto de refugio y su importancia. La cara amable del temporal se traduce en la oportunidad de ver especies sorprendentes, pero la otra cara implica que lamentablemente no todas las aves llegan con vida.
Es imposible calcular la cantidad de aves marinas víctimas de la concatenación de temporales, pero tenemos un dato que nos permite arriesgarnos a extrapolar lo que significaron estas ciclogénesis para las viajeras del mar: solo en tres playas de la ría, dos en Cangas y una en Vigo, encontramos el pasado domingo 12 araos muertos. Teniendo en cuenta la longitud total del litoral suponemos que más de un centenar de araos muertos llegaron en las últimas semanas a nuestro entorno.
Si a su vez calculamos que apenas el 1% de las víctimas llegan a las costas la cifra final resulta escalofriante. Más de mil araos (recordemos, una especie en peligro de extinción) han muerto solo al oeste de las Cíes. Si extrapolamos este cálculo al resto de la costa gallega y al resto de especies de aves pelágicas podemos imaginar la magnitud del desastre.
No es una muerte rápida. El temporal hace que los peces naden a mayor profundidad, lo que las priva del acceso al alimento. Así van consumiendo poco a poco sus reservas de grasa y perdiendo impermeabilidad. Al final, la hipotermia y el agotamiento terminarán con ellas.
No tuvieron mejor suerte los mamíferos y tortugas marinas que, como documenta la CEMMA, en apenas dos meses ya se produjeron en la ría la mitad de los varamientos de la media anual. Las especies residentes tampoco corrieron mejor suerte, con una mortandad masiva de bivalvos a consecuencia del descenso de la salinidad en la ría por las lluvias persistentes, o la cantidad de mejillones arrancados de las bateas.
El precio y el valor
También es complicado determinar el valor de estas pérdidas. Calcular el precio de un kilo de sardinas resulta fácil, pero ¿cuánto cuesta un arao o un delfín? Su valor ecológico es incalculable, pero ¿podemos poner precio a ese valor? Cuando se cuantifican las pérdidas económicas de los temporales esta variable siempre se excluye, por lo que no somos conscientes de la verdadera magnitud de estos desastres que cada vez tienen menos de naturales.
Efectivamente un temporal es un proceso natural, que provoca víctimas, y no es ni bueno ni malo, esos calificativos se los añadimos nosotros pero para la naturaleza es un recurso más, ciertamente poco sutil, de aplicar la selección natural y eliminar ejemplares debilitados.
El problema empieza cuando la acción humana altera y multiplica estos procesos naturales. El conjunto de la comunidad científica lleva 20 años anunciando lo que vivimos estas semanas, y recordando que lo peor está por llegar. Incluso el diario The Guardian, que las administraciones consideran la Biblia cuando les interesa porque suelta piropos sobre las Cíes, titulaba en portada: El cambio climático está aquí. Podría derivar hacia un conflicto global. Pero los políticos se pierden en discusiones sobre el tema.
El pasado mes de diciembre, haciendo la previsión de lo que depararía el 2014 para el medio ambiente de nuestro entorno, nos arriesgábamos a predecir que tendríamos al menos tres ciclogénesis explosivas. Solamente un par de meses y ya resulta evidente que nos quedamos cortos.