Machacados por el eterno temporal

La incesante lluvia, el fuerte viento y el frío intenso minan los entrenamientos de los deportistas gallegos


Redacción / La Voz

Si para el común de los mortales este invierno, uno de los más lluviosos de todos cuantos se tienen registros, está siendo un auténtico incordio, imagínese lo que supone para aquellas personas, como el caso de algunos deportistas, cuyo día a día transcurre al aire libre. En un mundo donde el grosor de la línea que separa el éxito del fracaso se mide en milésimas de segundos, la extraordinariamente adversa meteorología se ha convertido en un obstáculo terriblemente difícil de franquear. Atletas, futbolistas, piragüistas, ciclistas y regatistas gallegos relatan las consecuencias en su rendimiento de haber padecido una decena de ciclogénesis explosivas, de haber alcanzado los 190 kilómetros por hora de viento, olas de más de 12 metros o de haber sentido -10 grados centígrados bajo cero en la comunidad.

«Estamos en desventaja con otras partes de España»

«Cuando tocan tiradas largas, en las que corro 23 o 24 kilómetros no es tan importante que el ritmo no sea el indicado, que el viento y el agua te obliguen a ir más despacio», comenta el maratoniano Pedro Nimo, quien agrega: «Pero en las series de velocidad, que son las que realmente sirven para marcar las diferencias, era imposible hacerlas de forma adecuada. Te revientas en la pista y vas más lento de lo normal. Luego es cierto que aplicas las tablas de equivalencia, pero no es lo mismo». Nimo se encuentra inmerso en la preparación del maratón de Londres, la primera gran cita que figura en su calendario para esta temporada.

Por su parte, la medalla de oro en los Juegos de Londres, la regatista coruñesa Sofía Toro, reconoce que el fuertes rachas de viento le han obligado a ella y a su compañera en el 470, Laura Sarasola, a permanecer en tierra más de lo deseado: «La ría de Arousa (donde se encuentra el Centro Galego de Vela) está bastante resguardada del mar de fondo, pero es cierto que ha habido bastantes días en los que la intensidad del viento nos ha dejado en tierra». «Hemos tenido que dedicar esas horas al mantenimiento del barco, que también es importante, pero es cierto que partimos con cierta desventaja con respecto a otras tripulaciones de Canarias o el Mediterráneo, donde han podido de entrar más al mar», recalca la joven patrona.

En este sentido, el entrenador del Kayak Tudense Esteban Alonso indica: «Llevo entrenando en el piragüismo desde 1991 y no recuerdo un invierno más duro que este. Apenas podemos ejercitarnos en la desembocadura del Miño a su paso por Tui, nuestro lugar habitual, y con eso perdemos el trabajo específico. En relación a otras partes de España estaremos en clara desventaja».

Obligados a modificar los planes de trabajo

Las inclemencias meteorológicas no solo afectan a la calidad de los entrenamientos, también obligan a los deportistas y a sus técnicos a tirar de ingenio y adaptar las sesiones de trabajo para que el rendimiento se vea perjudicado lo mínimo posible. «Solo recuerdo un invierno más lluvioso, el del 2001, pero nunca sufrí la combinación de frío y lluvia como en esta ocasión», explica el ciclista Gustavo César Veloso. «Bajo esas circunstancias -apunta- es imposible salir a la carretera más de tres horas y media. Por este motivo, lo que hago es alargar los días en los que tenía previsto menos carga de trabajo para tratar de compensar. Y además, cuando me tocaría descanso, hago alguna sesión de rodillo de aproximadamente una hora».

Resfriados, caídas y otros riesgos

Veloso también explica que si incrementase el número horas empapado sobre el asfalto «tendría muchas posibilidades de resfriarme e incluso, con la carretera mojada, o de terminar por los suelos».

Un caso paradigmático de lo que este aspecto sucede en el mundo del fútbol, lo encontramos en el Racing de Ferrol, encuadrado en el grupo I de Segunda División B. Desde mediados de diciembre apenas puede ejercitarse en el estadio principal de A Malata, porque está muy castigado por las lluvias y el anexo, donde se entrenaban habitualmente, está aún peor. Esto hace que el técnico José Manuel Aira tenga que recurrir a campos artificiales. «La musculatura y las articulaciones de los jugadores no están ahora adaptadas para este tipo de superficies, que son más agresivas», indica el preparador físico del conjunto verde, Fran Beade, quien añade: «El indice de lesiones se ha disparado desde que el equipo trabaja en hierba artificial».

El césped sintético propicia que las recuperaciones de algunos lesionados sean más lentas de lo normal. Al centrocampista Iago Iglesias le ha sido imposible ponerse a punto de la fisura que sufrió en el tobillo el 15 de diciembre en Burgos. «Cada vez que quiere correr en el césped sintético se le hincha la zona. No sufriría tanto con la hierba natural», recalca Beade.

Una tortura diaria

«Hubo algunos momentos en los que me llegué a plantear si realmente me gustaba el triatlón», asegura Iván Raña con su eterno buen humor. «Me cuesta mucho salir cada mañana a entrenarme, pero si supero esto, pienso que nada puede pararme», dice Pedro Nimo. «Es cierto que vi a los jugadores con la moral un poco baja, pero es normal», apostilla el entrenador del Dépor Fernando Vázquez.

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