El presidente de la asociación del cuerpo santiagués reclama más medios
20 ene 2014 . Actualizado a las 15:47 h.De niño, Juan José Picón era de los pocos que de mayor no querían ser bombero. Él quería ser motorista de otro cuerpo, el de la Guardia Civil. Sin embargo, el joven que de pequeño se mofaba de los trabajadores del parque de Bonaval desde el patio del colegio de La Salle acabó formando parte de él. El compostelano, nacido hace 48 primaveras, recuerda con exactitud la fecha en la que entró en los Bombeiros de Santiago. Hace ya un cuarto de siglo. El 24 de octubre de 1988, después de estudiar informática, trabajar en varios empleos y dedicar dos años a las oposiciones.
Empezó cuando el parque todavía estaba en Bonaval, ocupando la parte posterior del Museo do Pobo Galego. Allí pasó de jugar «a las pedradas» a salir a socorrer a sus vecinos al toque de una vieja campaña. Son recuerdos gratos aunque su profesión le ha deparado también otros que difícilmente olvida. Picón, conocido también por sus allegados como Turi (en honor al turista motorista que quería ser de pequeño), fue uno de los bomberos que pasó por el duro trago de intervenir en Angrois la noche del 24 de julio.
«Impacta a nivel emocional por la trascendencia, porque hubo muchos muertos. Lo que hubo allí fue devastador», relata. Pese a llevar 25 años viendo la cara más amarga de los incidentes que suceden en Santiago, el recuerdo sigue vivo para él y el turno de compañeros que trabajaron ese día.
«Personalmente me marcó también el fuego que arrasó la fábrica Finsa, en el que estuvimos durante dos días sin parar. O algún accidente de tráfico, en los que nunca sabes qué te vas a encontrar, y no suelen ser cosas muy agradables, especialmente cuando hay niños pequeños», señala. Otras intervenciones las recuerda por lo pintoresco del caso. El primero que le viene a la cabeza es el de una mujer «demasiado obesa» a la que tuvieron que sacar por una ventana porque su complexión no permitía hacerlo por la puerta.
Un combate del día a día
Con todo, el combate diario más frustrante para el compostelano es el que tienen que lidiar cada día contra su propio centro de trabajo. Picón, que además es el presidente de la Asociación Sociodeportiva de Bombeiros Profesionais de Santiago de Compostela, asegura que su labor se hace por momentos insostenible en un «parque de bomberos que ha quedado totalmente obsoleto».
«Estamos ocupando una cochera que fue habilitada provisionalmente en 1990 por tres años, a la espera de que se construyera el famoso parque comarcal. Las instalaciones se han quedado pequeñas y llegan a condicionarnos profesionalmente, incluso está habiendo bajas incentivadas porque el propio lugar de trabajo no cumple las medidas de seguridad laboral. Tampoco tenemos un recinto para hacer prácticas en condiciones y, muchas veces, acabamos interactuando con los autobuses cuando las realizamos», explica.
Otro de los aspectos que le preocupa es el envejecimiento del cuerpo compostelano: «Llegamos a ser 75 y ahora somos 57. El año pasado se jubilaron cuatro y el que viene serán otros siete, por lo que de aquí a tres años el parque quedará en precario».
Admite que han sido muchos los reconocimientos públicos tras el accidente de Angrois, pero «a nivel institucional parece que tiene más valor sacarse la foto de rigor que la vida de las personas», sentencia un hombre que, pese a todo, no pierde el sentido del humor. Un bromista incombustible que hace más llevadero el día a día en un parque en donde llueven los problemas.
Juan José Picón Neo
48 años
Bombero.
Bonaval, en frente al antiguo parque de bomberos, en donde vivió sus primeras experiencias dentro del cuerpo.
Texto.
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