El hundimiento de un pesquero de Bouzas deja ocho fallecidos
31 dic 2013 . Actualizado a las 07:00 h.«Bouzas, la villa herida por todos los dolores y apuñalada por todas las tragedias». Así comenzaba El Pueblo Gallego, del 28 de diciembre de 1934, la noticia que daba cuenta del naufragio del pesquero Nuevo República. Había ocurrido la madrugada anterior, en el interior de la ría. La pareja de vapores Nuevo República y Republicano faenaban en la boca norte de la ría. El primero de ellos perdió el control al quedarse su hélice enredada por las redes. El otro pesquero trató por todos los medios de remolcarlo hasta Bouzas, pero la mar gruesa empujó al Nuevo República hasta unos bajos, que provocaron una vía de agua y su hundimiento.
De los nueve tripulantes, solo logró salvarse un muchacho de veinte años que logró nadar hasta la playa de Melide, en O Morrazo. Los otros tripulantes fallecieron ahogados. Se daba la circunstancia de que habitualmente eran doce los marineros que faenaban en ese barco, pero aquella noche tres de ellos habían perdido el barco, salvando así su vida. Los fallecidos eran de Bouzas, Coia, Vigo, Comesaña, Baiona y Ribeira.
Con la llegada de los periodistas a los hogares de los fallecidos, comienzan a surgir historias personales, como la del patrón de pesca, de 22 años de edad. José Ruiz Leiró había comenzado a estudiar la carrera universitaria de Medicina y jugaba como delantero en el Unión Sporting Club. El maquinista Gustavo Correa era muy aficionado a la pintura y tenía otros dos hermanos faenando en aguas gallegas, que todavía desconocían la mala suerte corrida por él.
Antonio González Alonso fue el único superviviente de aquel naufragio. Una vez en el agua, el joven de 20 años y vecino de Cangas, se desprendió de la ropa y nadó con fuerza hacia la playa de Melide. Una vez en tierra, corrió desnudo hasta la casa de sus padres, a unos catorce kilómetros de distancia. Sus progenitores, cuando vieron a su hijo desnudo, creyeron que era un aparecido y llevaron un gran susto. Ya repuestos todos, el joven y su padre emprendieron camino de Bouzas, donde dieron cuenta del naufragio en el puesto de la Guardia Civil.
Los tres tripulantes que no llegaron a tiempo para embarcar eran naturales de Ribeira, adonde habían acudido para pasar la Navidad. A su regreso, se encontraron cerrado el puerto de Vilagarcía a causa del mal estado de la mar, por lo que tuvieron que esperar. Posiblemente, eso les salvó la vida.
Sin rastro de los cuerpos
Conocida la noticia en la villa de Bouzas, varios vapores de pesca zarparon con destino al lugar del accidente con el objetivo de ayudar al Republicano en las labores de recogida de los cadáveres. Sin embargo, a media tarde del 27 de diciembre arribaban al puerto de Cangas sin que pudieran rescatar ningún cuerpo.
Ya el domingo 6 de enero de 1935 tuvo lugar el funeral por las víctimas en la iglesia parroquial de Bouzas. Tras el acto religioso, numerosos pesqueros de la villa partieron, portando vecinos, hasta el lugar del accidente donde rindieron un homenaje floral a sus convecinos muertos, en una emotiva viajes hasta la entrada de la ría.
En los días posteriores se realizó una suscripción popular para dejar algo de dinero a los familiares de las víctimas, ya que en algunos casos quedaban desamparadas la viuda y los hijos. El presidente de la República de España, Niceto Alcalá Zamora, enviaba catorce mil pesetas para que fueran repartidas entre los familiares de la tripulación del pesquero boucense.