«Me voy a dedicar a vivir la vida»

Ana Lorenzo Fernández
ANA LORENZO A CORUÑA / LA VOZ

FIRMAS

CESAR QUIAN

Después de tres décadas al frente de cuatro museos, «llegó la hora de irse»

24 dic 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

La semana pasada se cumplían treinta años desde que el Ayuntamiento tomó la decisión de crear la Casa de las Ciencias, el primero de los Museos Científicos Coruñeses que puso en marcha Ramón Núñez Centella, y al que luego le seguirían la Domus, el Acuario y el Muncyt. Con todo este gran trabajo a su espalda, ayer abandonaba el que durante los últimos años ha sido su despacho, dejando atrás multitud de recuerdos, pero con ganas de iniciar una nueva etapa.

-¿Por qué ahora?

-Me voy porque llegó la hora de irse. La Universidad de Cambridge, que es una universidad muy sabia, tiene puesta la edad de jubilación en los 67 años, que yo hice en agosto. Es un buen momento. Profesionalmente es un buen momento, y por razones familiares también.

-¿A qué se va a dedicar ahora?

-Me voy a dedicar a vivir la vida. Hasta ahora solía decir que lo importante en el camino era el viaje, como el viaje a Ítaca de Kavafis. Cuando decides ir a un sitio, lo importante no es llegar, sino todo lo que recorres, lo que aprendes y las personas que conoces. Durante toda mi vida siempre tuve Ítacas: desde pequeño tenía que aprobar para ingresar en el bachillerato, pasar la reválida, ingresar en la universidad, sacar la carrera, casarme, conseguir empleo, y si hacía un museo, después venía otro... Siempre había un Ítaca, y ahora ya no hay Ítacas. Ya no tengo un destino, y el único que me queda prefiero no mencionarlo. Se ha producido un cambio de paradigma, y si antes caminaba hacia algo, ahora paseo, y cuando se pasea no se sabe ni importa hacia dónde se va.

-Ha dedicado 15 años a la docencia y 30 a los museos, ¿con qué etapa se queda?

-La docencia es muy agradecida, y hoy todavía sigo recibiendo llamadas, saludos y abrazos de exalumnos que me recuerdan con cariño. Lo pasé muy bien enseñando a los alumnos a vivir la ciencia y a hacer ciencia, que es lo que sigo considerando más importante.

-¿Echará de menos los museos?

-No, porque yo voy a seguir yendo a museos, y el trabajo más agradable de pensar cosas, voy a seguir haciéndolo. Solo me voy a quitar de la parte más ardua de gestión y administración, y de todo lo que es obligatorio. Ya no tengo que remar más.

-Después de haber puesto en marcha los cuatro museos, ¿con cuál se queda?

-Con todos. Es igual que si a un padre le preguntan con qué hijo se queda. La Casa de las Ciencias fue el primogénito y se puso en marcha con mucha ilusión, batió récords, fue el primero en España de titularidad municipal, el primer Planetario... La Domus fue como una puesta de largo, la manifestación de que la Casa de las Ciencias podía crecer. Pero lo más importante de la Domus es que tiene identidad, primero por su temática y después por la arquitectura del edificio. Fue el primer museo donde pude expresarme con total libertad. La identidad del Acuario está en que está metido en el mar y el océano entra dentro de él, y se levantó en un lugar donde se habían producido dos desastres ecológicos por vertidos de petróleo. El Muncyt es el más joven, y el más grande, y entre sus señas de identidad está que es un museo con naturaleza objetual y su temática es tecnológica.

-¿Por qué su vida siempre ha girado en torno a la ciencia?

-La vida te enseña a no creer en muchas cosas, pero yo todavía creo en dos cosas: creo en la ciencia y creo en el amor. La ciencia es la herramienta más poderosa que puede tener la humanidad para entender el mundo y darle respuesta a muchas cosas. Pero la ciencia no lo es todo, hace falta algo más, que es el amor a la gente, a la familia, a los amigos, a la humanidad. El amor nos da todo lo que necesitamos para que el mundo sea mejor.