Un pulmón al borde de la asfixia

Antonio Garrido Viñas
Antonio Garrido VILAGARCÍA / LA VOZ

FIRMAS

Los carteles de información están rotos; el lugar se ha convertido en un perfecto aliviadero canino.
Los carteles de información están rotos; el lugar se ha convertido en un perfecto aliviadero canino.

El parque de O Montiño languidece entre talas de árboles, destrozos varios y muchos olvidos

21 nov 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

La superficie que suman los parques de O Castriño, O Montiño y la zona adyacente a este último a la que la crisis ha salvado, al menos por el momento, de cambiar su verde natural por el gris de la urbanización ronda los 50.000 metros cuadrados. Podría ser el gran Central Park vilagarciano pero se está convirtiendo, poco a poco, en un mero aliviadero para perros.

Llegar a O Montiño no es nada fácil. Hoy por hoy imposible para quien quiera darse un paseo con un niño que necesite una silla o para las personas que no tengan un mínimo de habilidad para poder superar sin problemas el complicado ¿sendero? de entrada. Las escaleras de madera invitan a un optimismo que va desapareciendo mientras se asciende. Se asciende con cuidado de no resbalar en una grava que suele acabar en la calle Vista Alegre, justo debajo de la higuera que crece en el muro de un primer piso.

Una vez alcanzado el parque nos encontramos con el cementerio de eucaliptos. Alrededor de medio centenar de troncos cortados a ras de suelo en aras de incrementar la zona de las excavaciones del Castro Alobre. Todavía no han empezado con los trabajos pero los árboles -algunos de imponente tamaño- ya están convenientemente despiezados. En Google Earth se puede comprobar la masa arbórea que había donde ahora crecen las setas.

Los carteles de información sobre el yacimiento están o rotos o sencillamente tirados en el suelo; lo ya excavado -sin protección de ningún tipo- parecen pequeñas piscinas con restos de plástico. El panorama, en realidad, es desolador. Dando una vuelta por el parque te puedes encontrar tanto madera apilada en un lateral -¿quizás restos de algún proyecto de escalera?- como vegetación hasta una altura más que razonable.

Toda una joya, en fin, que quizás es la gran desconocida para muchos vilagarcianos pero cuyo estado no invita, al menos por el momento, a poderla disfrutar en el grado que merecería.