Es como jugar a la guerra pero a tamaño real. Aquí no hay soldados de plomo ni de plástico. Son de carne y hueso y disparan de verdad. Eso sí, sin pólvora. Como munición utilizan unas bolitas de PVC, cuyo impacto puede doler pero sin llegar a herir, que hay que tratar de esquivar a toda costa si no se quiere engrosar el bando de los perdedores. Se llama Airsoft y en Arousa, aunque son pocos, también tiene sus embajadores. El cambadés Paio Piñeiro Aguín es uno de sus principales exponentes pero, según nos cuenta, no es el único a este lado de la ría. Él pertenece a una asociación Recios de Vigo, que tiene alquilado un monte para sus batallas particulares. Pero los tiros van también por otros lados.
De la cabeza a los pies
Paio lleva más de una década viajando por España y el extranjero participando en partidas y recreaciones. Y es que el Airsoft tiene dos vertientes. La más teatral, que consiste en simular confrontaciones bélicas habidas a lo largo de la historia, y la competitiva propiamente dicha: las partidas en las que se dispara a dar siguiendo una estrategia prefijada. «É como xogar cun videoxogo pero seguindo un guion que xa está escrito e facendo unha recreación histórica», explica nuestro protagonista. En ambos casos hay que esmerarse con el vestuario y los complementos. Todo debe ser lo más parecido a la realidad, desde los pantalones al gorro. Desde aquel día del 2007 que le invitaron a participar en una batalla irmandiña, fue un no parar. Paio se enganchó y hoy tiene varios uniformes: cinco del ejército alemán correspondientes a la segunda Guerra Mundial -no en vano es el tiempo histórico que más le atrae- y otros de escocés, ruso, romano, medieval y napoleónico. Hay dos piezas a las que tiene especial cariño. Unas botas alemanas originales que consiguió a través de un amigo italiano, por 40 euros, y una mochila, también alemana, que compró en Normandía por 80 euros. Por supuesto, tiene también réplicas de armas y todo tipo de detalles, como insignias de la época. Que le guste el Airsoft no quiere decir que sea una persona violenta ni militarista, «todo o contrario», matiza este arquitecto de profesión.
De Alemania a Asturias
Dicho esto, ya solo queda disfrutar. Paio, cuyo nombre de guerra es Marcus Klimbermamm, acaba de llegar de Alemania donde participó en la recreación de la batalla de Leipzig y este fin de semana se va a Asturias para recrear el Desembarco de Normandía. ¿Y las mujeres?. «Tamén hai, aínda que poucas. Nas guerras tamén había enfermeiras e auxiliares».