En el Casco Vello alto ya solo quedan tres clubes de alterne y con la llegada de nuevos residentes los clientes ya no gozan de anonimato
03 nov 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Pasear por la zona alta del Casco Vello ya no impone. Durante años, los vigueses daban el rodeo que fuese necesario para llegar desde el centro al Concello con tal de no pasar por A Ferrería. El cierre progresivo de los numerosos clubes de alterne que precedió a la paulatina repoblación del barrio ha logrado reducir el ambiente marginal, que aunque no se ha erradicado en su totalidad.
Cándido Pérez Betanzos, presidente de la Asociación de Vecinos del Casco Vello, confirma que el cambio es notable. «Aunque la prostitución sigue existiendo, la actividad ya es residual, solo quedan tres locales, pero el cambio fundamental ya no es su número, es que los ciudadanos están reconquistando este espacio». De esos tres locales, solo uno luce su nombre en la puerta, el Bohemi.
El territorio vedado y lumpen que fue durante décadas ha mutado. La rehabilitación de casas en ruinas está obrando el milagro. Familias con niños, parejas jóvenes y nuevos emprendedores fueron los primeros valientes que se arriesgaron a construir allí una nueva vida a pesar de que cuando llegaron eran muy pocos los que apostaron por una zona, aún rodeada de inmuebles abandonados y marginalidad, remontaría en un futuro no muy lejano. Ahora la situación empieza a parecerse a eso. Los nuevos residentes lo notan, pero los que lo notan de verdad son los que llevan unos años. «Yo llegué en el 2003 y de lo que era entonces a lo que es ahora el cambio ha sido radical», asegura Lorena, propietaria de la tetería de aire oriental La Menara, que ha sido una de las primeras en atreverse a montar un establecimiento y además por libre, sin el respaldo y las ventajas que ofrece el Consorcio del Casco Vello.
Pocos hombres, y mayores, dan vueltas por la zona. El anonimato del que disfrutaban antaño ha hecho que muchos clientes elijan otras opciones. Alternativas que les ofrezcan la discreción que ya no tienen en las calles del Casco Vello alto que antes solo transitaban los que iban en busca de sexo de pago, desde pisos que ocultan el negocio en barrios «normales» a clubes en las afueras.
Lo mismo opina otra vecina que prefiere no dar su nombre. «Por aquí he visto yo rondando a señores que luego he visto con su mujer en el supermercado. Ahora se lo piensan más, porque les pueden pillar. A los que se ve por aquí cuando hay barcos es a la tripulación de los crucero, asiáticos, sobre todo».
«El trasiego se ha trasladado hacia Beiramar, donde no hay viviendas», manifiesta Cándido Pérez. Al presidente de la asociación de vecinos tampoco le constan quejas reiteradas de los vecinos del «nuevo barrio antiguo» por el movimiento actual que genera la prostitución. «Las quejas que tenemos son más por los altercados continuos en la plaza de la Princesa, el trapicheo o el botellón que está repuntando en calles como Teófilo Llorente», manifiesta.
Trasiego hacia el Concello
Los días laborables el tráfico de peatones y de coches hacia el Concello es permanente. Los ciudadanos suben a hacer gestiones al ayuntamiento. Los funcionarios bajan a tomar café a alguno de los nuevos locales. La Menara, la galería fotográfica de Javier Teniente y el comercio ecológico A Tenda do Avó fueron las primeras. Después llegó la tienda de alimentos naturales y ecológicos A Horta de Abeleira. Y el mes pasado, café La Matina, donde se puede desayunar, merendar, o comprar el pan. Yolanda, propietaria de uno de los negocios, manifiesta que tienen algunos problemas más acuciantes, como el hecho de que el barrio, a pesar del cambio que se aprecia, no se recupere al cien por cien y disfrute del movimiento y la vida que tienen los aledaños a la plaza de la Constitución. Y el tráfico. En su opinión, las calles del Casco Vello alto deberían ser también peatonales, como las de la parte baja. «Los coches pasan a toda velocidad», critica.