Tomando el pulso al «break»

Una veintena de personas con discapacidad toman contacto con el baile y la cultura «hip hop» en una clase impartida por seis miembros de Black Box Project


Pontevedra / La Voz

Ayer conocieron a través de Esteban la historia de los flavinis, los creadores de todos los sonidos del universo, «desde el baile de Michael Jackson al ruido del estómago». De cómo un día la maldición de Tuno les hizo olvidar todo lo que sabían. Y ellos, con la ayuda de los viejos maestros, encarnados ahora por los bailarines del colectivo Black Box Project, fueron capaces de hacerles recordar. Veinte personas con discapacidad se adentraron a través de esta historia en el universo del break y el bboying durante la mañana de ayer y recibieron una master class a cargo de seis miembros del citado colectivo, que les diseccionaron las claves de esta disciplina de la cultura urbana. Nico les mostró el ritmo; David, que este ritmo puede conseguirse solo con la boca y el diafragma; Peque, a tomar distancias; Samuel, la desinhibición física y psicológica; Víctor, la fluidez y Alba, los estiramientos.

Antes de empezar, cada uno de los monitores les hizo una exhibición de movimientos. «Susi -decía una acompañante a una de las asistentes-, ¿Vas a bailar así?». «Un poquito», asentía esta joven de la Asociación Juan XXIII con sus dedos. Esta actividad del breakdance es solo una pequeña parte del programa Hefesto, que ha puesto en marcha la Concellería de Benestar Social para romper barreras y unir los conceptos de discapacidad y cultura urbana. La pasada semana, usuarios de seis asociaciones de Pontevedra comenzaron a preparar la grabación de un tema musical y su vídeo. Y para hoy estaba previsto un paseo en moto, pero ha sido aplazado por el mal tiempo. El break era el otro reto, que por lo visto ayer quedó más que superado.

Durante toda la mañana, los alumnos se repartieron en grupos junto a sus monitores y fueron rotando hasta completar todo el circuito. «La idea es que puedan pasar por todas las actividades -señaló Carlos, de Black Box Project-. En la de Nico hay más interactuación, en la de David son más ejercicios de logopedia...». Señala que ya habían trabajado anteriormente con personas con síndrome de Down en Portugal, aunque en esta clase el alumnado incluye también a personas con parálisis cerebral y otros tipos de discapacidad. «Lo que queríamos es que se sintieran parte y actores principales de esta historia», añade Esteban. Los miembros del colectivo habían ido con anterioridad a los centros para conocerles «y que supieran lo que íbamos a hacer».

Para Sergio, de Amizade, «es una clase divertida, aunque no es mi estilo de música». Este joven perdió la pierna derecha en un accidente de moto y reconoce que para algunos asistentes «es complicado; pero la música la sientes, la escuchas, y es una actividad amena». Al término de la clase, todos terminan en una rueda, dando paso a los voluntarios al centro. Allí Susi bailó ese poquito. «Fue fácil», dice. «Me gustó todo -afirma-. Y quiero volver». Su acompañante por parte de la Asociación Juan XXIII, Susana, confía en que la experiencia se repita. «Esperamos que haya continuidad. Hoy solo hay cuatro chicos de cada asociación, así que queda más gente con ganas».

«Lo que queremos es que se sientan actores principales en esta historia»

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