Qué hacer con los niños tras el cole

María Conde PONTEVEDRA / LA VOZ

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RAMON LEIRO

Los expertos abogan por actividades extraescolares elegidas por los niños y sin cargas

06 oct 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Comenzó el curso y Sara, que tiene diez años y cursa quinto de Primaria en un colegio pontevedrés, ya tiene planificadas todas las tardes de la semana, una vez terminado su horario lectivo, que es de 9 a 14 horas. Los lunes toca teatro. Los martes, taekuondo; los miércoles, música; jueves, inglés y, por último, el viernes, taekuondo e inglés. Son actividades que le ocupan entre hora y hora y media al día y que, como subraya su madre, que es psicóloga, en su caso, «le ayudan a organizarse y repartir el tiempo de estudio y también el de juego».

La programación de Sara parece razonable. Pero el debate sobre si existe una sobrecarga de actividades extraescolares de los niños es tan antiguo como el de si son necesarios o no los deberes. Y como dice Alberto Pita, el presidente de la Federación Provincial de Asociaciones de Padres, «nadie prohibiría los deberes si no hubiese profesores que se exceden; igual que para nosotros como padres no tiene ningún sentido cargar a un niño con excesivas actividades, porque no le va a sacar rendimiento».

Para José Carlos Otero, pedagogo y director de la Escuela de Tiempo Libre Dajalca, es fundamental que no haya esa sobrecarga y, sobre todo, «que no le resten tiempo para el juego» al alumno. «Se trata de un recurso -explica- que complementa la formación integral del niño. Siempre es interesante, pero el error está en hacer una elección en función de las necesidades del horario de los padres o su conveniencia. De poco sirve una actividad extraescolar si el niño no está predispuesto a realizarla. Es el error más común, elegir algo en función de la conveniencia de los padres, o para mantener ocupado al niño».

Destaca en este sentido que la oferta fuera del horario lectivo entra en los parámetros de las llamadas tres D: diversión, descanso y desarrollo. «En el momento que falta alguna y la motivación del niño, la actividad se puede convertir en algo nocivo», advierte.

Otro factor importante, reconoce, es que se trate de una elección del propio chaval, con ayuda de sus padres. Y un consejo que da a los progenitores es que si una actividad está organizada por el centro educativo, debería ser la primera opción, «porque nos va a ahorrar tiempo y nos va a dar una garantía».

Otero cree que no hay que generalizar sobre el número ideal de acciones diarias, «porque unas requieren más esfuerzo que otras». «Lo importante es que seamos capaces de compaginar que la actividad suponga un descanso intelectual, es decir, si yo voy a jugar al tenis, es una actividad de ocio; si Nadal juega al tenis, no lo es», afirma. El que sí pone tope es el director del colegio de Campolongo, José Sánchez Moure, para quien este tipo de actividades «no deberían superar las cuatro horas semanales, para que a los niños les quede tiempo para estudiar y, sobre todo, jugar». Insiste, como Otero, en que los chavales «elijan libremente» lo que desean hacer «para que así vayan motivados y les servirá tanto para su formación como para su esparcimiento».

«Para un niño, la actividad tiene que suponerle un descanso, unas veces emocional y otras veces, físico -añade el pedagogo-. Como norma general hay que buscar el equilibrio tanto en los días como en las horas, si va el martes a una física, pues el miércoles a una intelectual. Lo ideal es la combinación entre lo intelectual, lo emocional y lo físico». La oferta que proponen los concellos apuesta por ese equilibrio.

«Es fundamental que la actividad extraescolar no reste tiempo para el juego»

«Lo ideal es combinar lo intelectual, lo emocional y lo físico»