A los gallegos nos gusta hablar del tiempo, porque en Galicia el tiempo siempre da que hablar. Y además, echando un vistazo a los otros temas de conversación que puede dar la actualidad hoy en día, lo mejor es seguir mirando al cielo y decir aquellos de que «mexan por nós e temos que dicir que chove».
Un cambio radical
Pero lo cierto es que esta semana, hablar del tiempo es inevitable, porque al menos en la comarca hemos pasado de un caluroso verano a una borrasca más bien invernal en menos de siete días. El pasado domingo, las playas estaban abarrotadas de lugareños y turistas que se habían acercado a la ría para disfrutar de los últimos días de sol. Lo hicieron con temperaturas en torno a los 30 grados que todavía se mantuvieron el lunes, jornada en la que los bañistas recibieron el otoño tumbados bajo sus sombrillas en la playa Compostela.
El triste otoño
Fue más o menos el miércoles cuando las tornas se cambiaron, y ya el viernes, para disfrutar del fin de semana, las lluvias hicieron acto de presencia. Y no fueron cuatro gotas -nombre que utiliza la web del meteorólogo carrilexo Carlos Balseiro- sino muchas más. La mañana del sábado se salvó y todavía se pudo dar un paseo, pero de la tarde del domingo y de la de ayer, nada que decir que ustedes y los viticultores que están pendientes de la vendimia no sepan.
Bajón de temperaturas
Y aunque hay que reconocer que el frío todavía no llegó y que en las calles la manga corta convive con las botas de goma, los termómetros descendieron en torno a 10 grados en tan solo tres días. De los 30 que se registraban el lunes pasado a los 20 que había ayer. De la sombrilla al paraguas en un respiro.
Para todos los gustos
Y como nunca llueve al gusto de todos, hay quien dice que, teniendo en cuenta que disfrutamos del mejor verano de la década, ya era hora de que las lluvias mojaran los montes quemados y llenaran las fuentes que se habían secado. Pero también hay quien cree que el invierno es demasiado largo en Galicia y que los días oscuros que ya sufrimos no ayudan a levantar la paletilla, por mucho que De Guindos y Cristóbal Montoro se empeñen en prometernos que lo peor de la crisis ya pasó.
Siempre escampa
Para consuelo de los más pesimistas, y ya que no es posible hablar del tiempo en Galicia sin que la conversación vaya intercalada de refranes, habrá que recordar aquello de que «nunca choveu que non escampara». Y más si a la vuelta de la esquina está la Festa do Marisco, que siempre se disfruta mejor bajo el veranillo de San Miguel.