Seica desde que Ana Botella hizo el discurso olímpico más sonado de la historia de los juegos, hay un interés general por aprender inglés que no han logrado durante décadas ni Muzzy, ni Doña Croqueta ni aquel casposo programa televisivo que se llamana Follow me. En Vigo, como en el resto del país, las academias están consiguiendo aumentar su alumnado casi tanto como crece en los gimnasios cuando se acerca el verano o después de Navidad. Eso sí, las buenas intenciones suelen durar lo que duran las promesas de dejar de fumar en Año Nuevo. Aunque todos nos hemos despachado a gusto con el centenar de chistes que han aflorado a raíz de su apasionada defensa de Madrid y sus extrañas ¿costumbres? castizas como tomar café con leche en la Playa Mayor, lo cierto es que hemos de reconocer que el acento y el nivel elemental Botella es prácticamente con el que nos manejamos el común de los españolitos. Hay quien asegura que nuestra incapacidad para aprender idiomas es un asunto genético, pero no hay más que ver cómo estudian los niños en nuestros colegios para darse cuenta de que no es una incapacidad global del íbero. Lo que falla es el sistema. Si los profesores no se manejan en inglés y las clases en el idioma de Shakespeare se imparten en castellano o en gallego, mal vamos. En Vigo tenemos un alcalde muy preocupado porque los chiquillos se labren un futuro en inglés y por eso entre todos pagamos unas becas a los elegidos. Abel Caballero presume de hablar muy bien y de haber estudiado en Inglaterra, pero los que le han oído algún speech saben que tampoco se le confundiría con un nativo. En ningún caso. Y mira que hay británicos que tienen ganas de verle por Hyde Park Corner para enseñarle la diferencia entre este parque y la avenida de Castelao.
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