Dolores Gallego Lago, a sus 86 primaveras, vive entre dos municipios. Paga contribución en una de las localidades y acude al médico en otra.
03 sep 2013 . Actualizado a las 10:51 h.Dolores Gallego Lago, a sus 86 primaveras, vive entre dos municipios como si tal cosa. No le resulta extraño lo que hoy en día podría crear auténticos quebraderos de cabeza a cualquiera. Y es que nació ya entre estas paredes, conoce perfectamente el límite de las dos localidades y lo señala en el muro exterior de la casa: «¿Ves? Aí é onde se divide?», explica.
Gallego reconoce que si la casa se hubiese construido ahora, las cosas serían muy distintas: «Daquela non había os problemas de agora. Hoxe xa che complican a vida por onde vaias», asegura.
Su casa perteneció a sus bisabuelos y estaba ubicada en el término municipal de Arteixo. Con los años, sus antepasados adquirieron el terreno colindante: «Déronlle unha onza de 16 pesos e unha broa de pan», dijo Gallego sobre el precio que se pagó entonces. Pero el terreno tenía una singularidad. Pertenecía a Culleredo, y al ampliar la casa la vivienda quedó dividida en dos partes, una de Arteixo y otra de Culleredo.
La mayor parte de las estancias arteixáns se utilizan de desván y de antiguo establo para animales, aunque Gallego todavía conserva una cocina en esta zona: «Nesta casa cómese en Arteixo e dórmese en Culleredo», dice. Y es que las habitaciones se encuentran en la zona nueva de la casa.
Contribución en Culleredo
Se da la circunstancia de que Dolores paga la contribución del inmueble y todos los recibos en Culleredo, pero al médico va a Arteixo: «Por aquí pasa o coche e temos transporte a Arteixo. Antes dicíanme que debería cambiarme para Culleredo, pero aos meus anos xa estou afeita a ir ao médico a Arteixo. Ademais a distancia é a mesma a un sitio que a outro», explicó.
En más de una ocasión, Gallego tuvo algún problema burocrático a la hora de anotarse a alguna actividad. Ocurrió hace años cuando una vecina y ella quisieron apuntarse a una excusión que organizaba el Concello de Arteixo: «Non nos deixaron porque dicían que estabamos empadroadas en Culleredo. Ao final fomos. Protestamos e deixáronnos», confiesa Gallego triunfante. Y es que con lo dispuesta que se ve, pocas cosas la superan aún. Su hijo, José Antonio Deza Gallego, lo suscribe: «Ten carácter, ten», pero ella sonríe porque sabe que es ese temperamento el que la mantiene como si tuviese diez años menos. Ahora vive tranquila, disfrutando de su finca, pero no por ello deja de recordar que su casa no es la única afectada por el linde: «Aquí hai casas que unha é de Arteixo e a do lado, de Culleredo», dice.