Es verdad que el jazz, desde su nacimiento, siempre ha tropezado con una barrera de malentendidos: complicado, sesudo, extraño, elitista. Sin embargo, si escuchan la obra de Gabriel Peso, seguro que alejarán los prejuicios y, mecidos por el sonido de su piano, percibirán una música cercana y humana que no les asustará, porque seguramente oirán jazz.
Aunque Gabriel lidera la composición y el espacio solista, la esencia responde al trabajo integrado de tres músicos y en la sonoridad acústica, como regla de creatividad y modernidad, para que el mensaje musical camine con naturalidad. El primer registro, Sinapsis, presenta la construcción de cuatro movimientos, mientras que el segundo, Espera, principia con dos ideas sencillas, una rítmica invariable -ostinato- y otra melódica que, en cada transición, articula una expresión distinta.
El blues es al jazz lo que el saludo y la sonrisa al encuentro amistoso. Este ha influido en la excelencia del jazz. En Bluesito, más allá de la correcta articulación de los acordes y de la exactitud métrica, el trío aúna los rasgos primarios del blues -cantos de trabajo esclavo y espirituales- con la armonía clásica europea. El resultado: una partitura de doce compases poblada de acordes y silencios, sin trampa ni cartón.
En globo, Acaramelado e Introspección forman una manifestación orquestal, mientras que, en el octavo y noveno temas, Gabriel visita la muñeira tradicional como una recreación entre la heterodoxia del jazz y la esencia de la danza gallega. Sinapsis culmina con Ragman, un tema de jazz clásico.